June 15th, 2010
María ya no cabe en la cuna. Además, desde que instalamos una luz para ella sola, no ha tenido terrores nocturnos, aunque Uno no puede dormir a gusto. Así que me la llevé a comprar su nueva camita apenas terminé mi turno.
Nos decidimos por una cama con barandal, para que no se cayera, pero que también tiene cajones donde guardar las toneladas de ropa que le han regalado. Uno se ha sacrificado bastante en cuestión de espacio de closet y vamos a tener que buscar uno más grande a este ritmo. María esaba muy ocnforme con su cama y comenzó a saltar en ella apenas la vio, así que no tuve más remedio que comprarla (soy una consentidora) pero a pesar de todo la cama era la más barata. Se me hizo también muy curioso que Maria escogió una cama color índigo. Yo pensé que iba a escogerla rosa porque es su color favorito, pero quiso la cama índigo. A la vendedora también se le hizo raro, y trató de que María viera otras, incluyendo una violeta monísima, pero mi niña salió igual de mula que su madre adoptiva y no quiso bajarse de su cama índigo. Pensé que me iba a hacer un berrinche pero no: la abracé y se quedó calmadita, pero igual me llevé la cama, aunque fuera porque nadie sabe qué color es el índigo y además porque me la llevaron gratis. Creo que se querían deshacer de esa cama en particular.
En casa, colocaron la cama en mi cuarto y María se subió a ella para jugar con Gatito y yo le prohibí que brincara en su cama porque no quería que se lastimara. La dejé ahí mientras iba a la casa de la vecina a decirle que ya no necesitaba la cuna y que en cuanto regresara Uno le la llevábamos. Cuando regresé a casa, María estaba brincando en mi cama. En la suya, Gatito estaba bien dormido. Y descubrí que mi niña tiene la misma manera de pensar de Quoth: interpreta las cosas de manera literal para sacarles provecho: le prohibí que brincara en su cama, pero no en la mía.
Adoro a esta chiquilla, y sé que me va a sacar canas verdes cuandoo sea mayor…
Besos.
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June 14th, 2010
Estaba viendo las fotos que me mandó Yubi y en eso María llega con su gato de peluche, arrastrando a Gatito, que le encanta morderle la cola al otro gato. No me dice nada, pero se me queda viendo un rato, como si no supiera qué decirme. Entonces se decide. “Mami, tengo hambre.”
Dejo de hacer lo que estoy haciendo y la levanto. “¿Qué quieres comer, amor?” “Sammich”. “¿Un sammich para mi nena? ¿De qué?” “Fomadge.”
La llevo a la cocina y le preparo, por supuesto, su sammich de fomadge y un vasito con leche. Justo en eso llega Uno, todavía con la bata puesta. Después de darme un beso me pregunta qué hago. “Sammiches” le respondo, mientras María hace un escándalo en su sillita merendándose su sammich. Gatito está alerta, para ver qué cae. Uno me pregunta qué es un sammich. “Es como un sandwich, pero más sabroso.” Uno sonríe. “¿Y de qué lo hiciste?” me pregunta. Y yo le respondo “de fomadge, que es como queso fresco pero más sabroso. ¿Quieres uno?” Y le pongo enfrente uno de los dos triangulitos del sammich que no le dí a María, pues una cosa es una colación y otra muy diferente engordarla como la bruja de Hansel y Gretel. Uno le da la mordida a su triangulito, yo al otro, y nos miramos a los ojos mientras María sigue haciendo de las suyas.
Ésta chiquilla cambió nuestras vidas.
Besos a todos.
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June 9th, 2010
María se acostumbró rápido a la guardería. Pero ahora llegó el turno de la colación y me enteré de algo muy curioso.
Como a todos los niños a María le gusta mucho el dulce. Para evitar que se pasen de la cantidad adecuada de azúcar en la guardería, a la hora de la colación, les dan jugos o aguas endulzadas con edulcorantes artificiales. Pues mi niña se niega terminantemente bajo amenaza de llanto a beber cosas endulzadas con cualquier cosa que no sea azúcar.
Le pregunté hoy por qué. “Saben feo.” Llegando aquí hice una prueba. Le preparé tres koolaid y endulcé uno con sucralosa, otro con aspartame y otro con azúcar y se los dejé en vasitos entrenadores. Al rato se había tomado el de azúcar y de los otros sólo les había dado un trago, hizo cara de fuchi y los dejó. Al rato llegó con carita compungida y me dijo que la boca le sabía feo. La ayudé a que se lavara los dientes y, como el sabor permanecier aun rato más, deduje que le pasa lo mismo que a Quoth: los edulcorantes artificiales se “quedan” mucho tiempo en su boca, y su retrogusto lo perciben amargo.
Quoth, mi primo favorito, se niega terminantemente a consumir bebidas endulzadas con edulcorantes artificiales y es capaz de percibir, en pruebas de doble ciego y comprobadas, una solución de 300:1 de edulcorante artificial. La prueba que realizamos esa vez, hace como cinco años, fue tomar un mililitro de refresco de dieta y diluirlo en 300 mililitros de agua. Para mi sorpresa, Quoth no sólo le atinó a todos los edulcorantes varias veces sino que también distinguió entre sucralosa, sacarina y aspartame, y el aspartame lo pudo detectar incluso en 500:1. Y el sabor, según Quoth, se le queda en la boca hasta por dos horas. Tanta aversión le tiene a los edulcorantes que prefiere tomar agua de la llave antes que beber algo sin azúcar, y no comería nada, aunque sean chicles.
Bueno, pues creo que lo mismo le pasa a María. Por lo menos puedo decirle que su tío tampoco quiere beber de lo mismo. Somos todos muy raros en esta familia, aunque no seamos de la misma sangre. O a lo mejor sí, pero lo dudo. En el árbol genealógico de María apenas he llegado al siglo XVIII y todos se quedaron en Québec; por lo menos hasta su tatarabuela nadie había cruzado el charco.
Y antes de que se me olvide, María ya le dice “papi” a Uno. A Uno se le saltaban las lagrimitas de los ojos.
Besos a todos.
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June 7th, 2010
Llevé a mi niña a la guardería antes de trabajar. No es tan complicado; ya tiene experiencia. Lo que se me hizo curioso fueorn sus amiguitos. Porque María, que según todo lo que sé es quebequense por los cuatro costados, evita a toda costa a los quebequenses y se va con los extranjeros. Y esto no quiere decir que se vaya con quien no se vea como migrante, porque aquí más de la mitad somos inmigrantes: se va con quienes no hablan francés.
Cuando le dije esto a Jack me dijo que era tiempo de ir a hacerle un análisis genético a María, porque lo más probable es que en realidad fuera un clon mío. creo que lo que voy a hacr es armar su árbol genealógico antes de que crezca y haga preguntas sobre su origen. Es que la verdad es bien raro que se haya acostumbrado tan rápido a vivir con Uno y conmigo, y aunque a uno todavía se le queda viendo raro a veces, a la hora de cenar va y le sirve cosas, pero a mí me abraza la pierna y me pide que la cargue, y lo más raro, me dice mami, en espeñol. No sé si identifique bien lo que significa la palabra, porque a Uno no le dice nada remotamente parecido a Papi, probablemente porque nunca tuvo uno; es bien curioso cuando le digo a María “vete con tu papi” y uso la frase siempre en español. Uno ya se acostumbró a que nunca voy a hablarle siempre en francés estemos en donde estemos, y su español es lo bastante bueno como para preguntarme qué pasó en la novela de la noche.
Bueno, ya veremos qué sucede. El árbol familiar me mantendrá ocupada un rato.
Besos.
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June 4th, 2010
Jueves por la noche. Estamos Uno y yo abrazados en la cama, viendo una película, cuando María, que estaba dormida en la camita de al lado, rompe en llanto.
Rápidamente la saco de la cuna (que está junto a nuestra cama porque no tenemos más espacio), la abrazo y le digo palabras de aliento y cariño para tratar de consolarla. Le pregunto qué le pasa y me responde, con una voz quebrada, “no me dejes sola.”
Yo no hago nada más que besarla en la cabecita y decirle que no pienso dejarla sola nunca hasta que no sea niña grande. Decido que no vale la pena tratar de dormirla otra vez en su cuna, así que la meto en la cama, entre Uno y yo. Pronto se queda dormida. Cada vez que se pone nerviosa y empieza a tener una pesadilla, la abrazo fuerte y se calma.
Hay cicatrices que no se ven y tardan mucho en curarse.
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