Está haciendo un chingo de frío en Québec. Lo siento y ni con mis dos abrigos encima me puedo calentar. Ayayay, quién me manda hacer las cosas al revés.
Esta vez Uno no se quedó a esperarme en el aeropuerto: llegamos juntos.
Y ahora a darle una manita de gato al departamento, que desde que Uno vive solo tiene un chiquero. Bueno, también tenía un chiquero cuando vivía con Otro.
Un abrazo helado para todos.

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