Ojos de cachorrito
No me lo van a creer, pero ayer me encontré con una niña de unos cinco años afuera del hospital, cuando llegaba para iniciar mi turno. Se me hizo raro que estuviera sola, ¿y a quién no? Así que me acerqué a preguntarle si estaba perdida.
Ella nada más me miró con ojos de cachorrito, sin entenderme. A lo mejor no entendía francés. Probé en inglés. Nada. Y en español. Nada. Aunque tenía los ojos un tanto rasgados no tenía cara de ser japonesa, pero probé. Nada. ¿Lenguaje de señas? Sólo sé unas pocas frases en la variación en español, pero lo intenté. Nada. Me seguía mirando con ojos de cachorrito y su camiseta de Bob Esponja. Como estaba lloviendo, porque aquí siempre cae agua, líquida o sólida, pero cae, la tomé de la mano y entré al hospital con ella. Ella, muy dejada, se limitó a mirarme y me siguió.
Pregunté en la recepción si alguien había visto a la niña y si sabían quién era. Nadie sabía nada. Pero entonces se me ocurrió preguntarle a uno de los amigos del gan Pablito, que es paramédico y además es nativo de Iqualuit, si podía hablarle a la niña. Iceberg, que así le decimos por grandote y fuerte (y porque una vez le dio un puñetazo a un boxeador aficionado al que le decían Titán y lo noqueó) le habló a la niña en el dialecto de inuktitut de Nunavik.
La sorpresa fue que la niña, Granizo le voy a decir, le respondió. Y yo le pregunté a Iceberg qué le había dicho. “Que su mamá le dijo que no hable con extraños.” No sé por qué me lo imaginaba. Después de presentarme, Granizo sí se puso a hablar conmigo en francés. Resulta que su mamá estaba teniendo a su hermanito y se perdió en el hospital, y fue a dar afuera y no sabía qué hacer. Así que fuimos a obstetricia a preguntar por su mamá, a quien llamaré Nevada. Y sí, efectivamente, ahí estaba Nevada, y el inútil de Oso Polar, el marido, todo nervioso como si fuera su primer criatura. Luego me enteré de que el embarazo era de alto riesgo y de hecho me estaban buscando para que me hiciera cargo del bebito en cuanto naciera. Le dije a Granizo que se quedara afuera del cuarto y que yo la buscaría en cuanto naciera su hermanito, y corrí a cambiarme de ropa y a lavarme, porque una infección en un recién nacido puede ser mortal.
Finalmente los ginecólogos decidieron que no valía la pena arriesgarse a que la madre sufriera daños y decidieron practicarle una cesárea, por lo que bien pronto nació la criatura, un bebé de seis meses de gestación apenas, una niña, a quien rápidamente apodamos Copo, por lo chiquita que se veía. Con las prisas se me olvidó que Granizo estaba afuera, pero en una de esas la vi asomarse cada vez que abrían y cerraban la puerta. Mientras los neonatólogos trabajaban con Copo, yo fui con Granizo y decidí que podía ser buena experiencia que mirara a su hermanita, porque después de todo iba a pasar todavía mucho tiempo aquí, por lo prematuro, y porque así podría entender por qué no le iban a dedicar la misma atención que antes. Así que decidí lavarla, vestirla y la metí de contrabando a neonatología cuando ningún neonatólogo nos miraba.
Copo estaba en la incubadora, y sus signos vitales no eran muy estables. Pero decidí que valía la pena intentar el contacto con alguien más. Le dije a Granizo que metiera la mano y le acariciara la cabeza a su nueva hermanita. Ella, obediente, metió la mano, y Copo se agarró de ella. La sonrisa de Granizo iluminó la sala, se los aseguro, y todas mis compañeras soltaron un “Awwww…” que nos subió el nivel de glucosa en la sangre, se los juro. Pero yo estaba interesada por los signos vitales de Copo, que se estabilizaron. Le dije a Granizo que le hablara a su hermanita, y que le dijera que iba a estar bien. Copo se tranquilizó y se durmió, sin soltarle nunca la mano a su hermana. Cuando llegó de regreso el neonatólogo asignado, el doctor Maison, pensé que me iba a poner un regañadón marca llorarás, pero no, se limitó a explicarle a Granizo lo que iba a pasar con su hermanita.
Hoy Granizo, Nevada y Oso Polar están alrededor de la incubadora de Copo, y no me cabe la menor duda de que Copo va a salir bien librada, porque de ayer a hoy ganó peso. Poquito, pero ganó, lo que es buena señal. También sabemos que todo funciona, pero no podemos descartar nada. Cuando me despedí de ellos Granizo se acercó para darme un abrazo y un beso, y Oso Polar no deja de agradecerme lo que hice. Nada más que Copo salga de la incubadora se va a enterar de lo que soy capaz, eso sí. Nevada dijo que es su último hijo. A ver si es cierto, y espero que sí. Yo, bueno, yo estoy muerta de cansancio y nada más termino de escribir esto me voy a dormir, y les contaré luego lo que pasa con Copo antes de regresarme a México.
Buenas noches (y apenas son las seis).
Posted: Wednesday, July 8th, 2009 @ 6:06 pm
Categories: Cataclismos.
Subscribe to the comments feed if you like.
Both comments and pings are currently closed.
July 9th, 2009 at 12:34 pm
¿Como se dirá “ajoo, ajooo” o “cuchi-cuchi… blurrrrrrr” en inuktitut?
July 13th, 2009 at 3:02 pm
Creo que se dice igual, mi vida. De cualquier manera no es sino hasta mucho después que los bebés comienzan a comprender los sonidos separados, así que no importa mucho lo que le digas, mientras suene tranquilizador. ¿Te conté que yo les cuento a mis bebitos novelas de Barbara Cartland cuando trabajo en el Hospital Civil? Una vez les conté el capítulo del libro de anatomía que estaba estudiando para un examen y se durmieron todavía más rápido.
July 13th, 2009 at 6:55 pm
Imagino que ya te enteraste del desastre que se montó hoy en un hospital español con un prematuro. :-S
July 13th, 2009 at 11:44 pm
Me acabo de enterar, mi vida.