Reprobé mis exámenes
Y eso que no era necesario estudiar.
¿Se acuerdan que hace unos días Robodoc me dijo que fuera con el Dr. Ginecólogo? Pues al día siguiente fuimos, y sin excusa, porque Robodoc me lo presentó a la hora de la comida. Es un doctor barbón que se parece a Santa Claus, muy buena onda, y le comenté de lo irregular de mi ciclo menstrual. Aunque Uno no parecía muy interesado en la conversación ni él ni Robodoc ni Uranai se movieron de la mesa mientras comíamos.
El Dr. Ginecólogo pensaba que tenía yo síndrome Stein-Leventhal, o sea de ovario poliquístico, por el cual se producen anormallidades hormonales muy gordas, cuyos síntomas incluyen dolor pélvico, oligomenorrea (el nombre clínico de la menstruación irregular) o amenorrea (falta de menstruación), anovulación, endometrio proliferativo, infertilidad, obesidad, hirsurtismo (o sea, mucho pelo), acné, diabetes, dislipidemia (o sea, exceso de grasas en la sangre) y alopecia (o sea, calvicie). Pero cuando le hice notar que ni estaba gorda ni muy flaca, que no tengo acné, ni un exceso de pelo, ni me quedo calva, y ni siquiera tengo un dolor pélvico excesivo cuando estoy menstruando (nada que no se me quite con un poco de paracetamol, al contrario de otras chicas de mi familia que incluso necesitan pedir una incapacidad en su trabajo), el Dr. Ginecólogo se rascó la barba y me preguntó si me había hecho algunas pruebas de fertilidad. “Varias,” le dije, “y soy lo bastante fértil como para preocuparme por usar varios métodos anticonceptivos a la vez siempre.” Uranai y Robodoc le sonreían a Uno, que se veía un tanto incómodo, pero el dr. Ginecólogo continuó sin notarlo. “¿Y de tus hormonas cómo estás?” “Dependiendo de mi ciclo, por los suelos o por las nubes.” “Ah, ahí pudiera estar el problema. Me gustaría hacerte algunos análisis.” “Pues tendrá que ser rápido, porque me voy a México el día 20.” “Ven a verme a mi oficina esta noche, entonces. Ah, y trae a tu novio.”
El dr. Ginecólogo se levantó con su bandeja y se fue del restaurante. Robodoc por poco suelta la carcajada y Uno se puso colorado. Pero terminamos yendo al consultorio. El dr. Ginecólogo me examinó y le pidió a Uno que le ayudara, ya que necesitaba la mano de un cirujano experto para buscar anormalidades en mis ovarios. Por qué la mano y no los ojos, no lo sé. Estuvieron manoseándome y corrieron pruebas con ultrasonidos en dos, tres y cuatro dimensiones (y eso que este último es bueno sólo si estás embarazada y quieres ver a tu bebito) pero después de un rato terminaron diciéndome lo que mis ginecólogos y yo ya sabíamos: que en mi interior, mi fábrica de muñequitos de sololoy se veía normal y funcionaba normal, excepto que el sindicato había conseguido una jornada de trabajo muy sui generis. A estas alturas Uno ya estaba más que interesado en el tema, no sólo porque no quería tener más sustos conmigo y mis reglas inoportunas, sino como cirujano. Ya estaban planeando sacar biopsias, obtener muestras y correr análisis carísimos y extraños, com el doctor House, hasta que les recordé que tenía que regresar a México y mi condición, aunque molesta, no era de vida o muerte y no tenía caso hacerme gastar una millonada sólo para saber por qué no soy igual de regular que mi hermana Holi pero menos gritona.
Y entonces se le ocurrió una idea genial a Uno. “¿Y si la utilizamos como sujeto de pruebas con los alumnos del próximo año? Ella ya va a estar aquí, podemos hacer los análisis como parte del entrenamiento, y a ella no le costaría ni una piastra. Los estudiantes se benefician, ella se beneficia, y nosotros nos beneficiamos. Hasta el hospital se beneficia.” “Pues no me parece mal, colega”, dijo el dr. Ginecólogo, “pero por ahora, Lina, ¿te interesaría probar un nuevo tratamiento anticonceptivo? Como es un coctel hormonal podría ayudar a regular tus ciclos, y como estudias medicina podrías enviarme los resultados desde México y mantenerme informado de tu evolución. Si el problema es endocrino tal vez este coctel nos ayude a deducir el origen.”
Y yo, ¿pues qué mas? acepté. Ya me hicieron mi batería de exámenes para el programa y cuando me vaya, el dr. Ginecólogo me va a dar mi kilo de pastillas anticonceptivas. Ojalá que no sean muchas, para poder pasarlas sin problemas en el aeropuerto gringo. Espero que los efectos secundarios no sean muchos.
Ya me voy. Mi turno va a iniciar en quince minutos. Besos.
Posted: Saturday, July 4th, 2009 @ 1:43 pm
Categories: Cataclismos.
Subscribe to the comments feed if you like.
Both comments and pings are currently closed.
July 5th, 2009 at 9:43 pm
> hasta que les recordé que tenía que regresar a México y mi condición, aunque molesta, no era de vida o muerte
Oye, Cata, una pregunta (es en serio, me interesa mucho): ¿en México se le dice “condición” a los problemas médicos?
July 6th, 2009 at 2:40 pm
Sí, corazón. Pero sólo en ambientes más o menos formales y no en todos lados. Muchos nada mas “tienen” algo, o están “enfermos de” algo. No sé de muchos que “padezcan”, pero en mi zona siempre he oído “condición” para referirnos a algún problema médico, no siempre una enfermedad, que no sea incapacitante. Por ejemplo, Jack y Quoth tienen una condición en su cadera que reduce su movilidad, sin impedirla, y Jack tiene además una condición médica en las cervicales. Casi siempre usamos “La condición de la que padece es [...]” o “la condición de su [...] es llamada [...]“, y casi nunca “su condición es [...]“. Es más bien como sinónimo de “enfermedad” o “padecimiento” o cuando no queremos usar esas palabras.
July 6th, 2009 at 3:26 pm
Grache.