Comiendo con mis suegros

Estoy de nuevo en Trois rivières. Vine a comer con mis suegros porque mi suegra insistió tanto que ni Uno ni yo pudimos decir que no. O más bien, por más que decíamos que no mi suegra insistió tanto que terminamos cediendo.

A mi suegra le encanta cocinar, tanto como a mi mamá o a lo mejor más. Y supongo que ahora que sus dos hijas menores están en México y sus dos hijos mayores están casados (bueno, Uno en la práctica, pero no en teoría) ya no tiene muchas cosas qué hacer.

Mi sorpresa fue que doña Frances estaba muy morena. Se fueron de vacaciones a la playa, y no a cualquier lugar: a Tenacatita. Yo no sé si ustedes conozcan Tenacatita, pero el hotel Los Ángeles Locos es una maravilla. Lo tiene todo. Bueno, casi: lo único que le falta es campo de golf pero esos están a veinte minutos por carretera, en Barra de Navidad o en El Tamarindo. De cualquier manera mi suegro no juega golf. Total que doña Frances llegó quejándose de que había subido un par de kilos y mi suegro llegó contento porque su esposa había subido un par de kilos, porque dice que es increíble que comiendo lo que come y cocinando como cocina, doña Frances no suba ni un gramo en tanto que él huele una pierna de pollo y sube medio kilo.

Total que llegamos desde ayer a medio día, aprovechando que por fin nuestros horarios nos daban libres el fin de semana. Ya estoy convenciendo a Uno de que deje la práctica hospitalaria y se dedique sólo a la práctica privada, pero Uno se niega.  Dice que antes se muda a México. No sé si lo estoy convenciendo o nomás me está siguiendo la corriente para que lo deje en paz. Hablando de dejar en paz a alguien, quienes no se ponen en paz son los tipos de Chambly, en Motérégie, que están felices porque se van a poner a nadar en los rápidos del Rivière Richelieu y no caben de gusto. Están locos estos quebecuás. Bueno, decía yo que llegamos a medio día, y doña Frances ya nos esperaba con una comida digna de la Famiglia. O sea, éramos ocho, porque fue Olivier, su esposa Sandra y su nena Frances. Yo estaba muy a gusto comiendo (porque traía hambre, apenas alcancé a bañarme antes de venirnos porque acababa de terminar mi turno) cuando veo que Frances estaba estornudando mucho. Eso lo solucioné quitándole en pimentero, con el que estaba jugando. Mi suegra procedió a acribillar a Sandra con preguntas sobre si la niña crecía en la tasa normal para su sexo y edad y si no se había saltado ninguna vacuna. Sandra contestaba como autómata que sí a todo, supongo que harta de que doña Frances le preguntara siempre lo mismo cada vez que iba.

Para la sobremesa mi marido postizo, mi cuñado y mi suegro se enfrascaron en una discusión sobre si era más conveniente mandar al cuerno todo el negocio de mi suegro ahora que estamos en crisis o si es preferible aguantar un poquitín más y vender cuando la economía se reestablezca. Tras tanto viaje a México en estos últimos tiempos, mi suegro y doña Frances tienen ya la firme decisión de mudarse allá, sobre todo sabiendo que con lo que se retiren ahora les durará tres o cuatro veces  más en México. Además así resuelven el problema de Moni, que ya decidió que no se va a regresar aunque tenga que quedarse de ilegal en México. A Renée en realidad  no le importa, y creo que está buscando seriamente una beca para irse a estudiar a Europa un par de semestres. 

Frances, Sandra, doña Frances y yo nos fuimos a la cocina a jugar pokar. Como Frances estaba más entretenida en revisar si había algo debajo del refri que en jugar (y es que tiene tres años) jugamos nada más tres. Estuvimos chismorreando de lo lindo durante unas dos horas. Hasta nos bebimos una botella de vino. Yo trataba de no hablar en español, pero no siempre lo lograba. De cualquier manera nadie me decía nada. En eso estábamos cuando Sandra nos dijo que la próxima semana se va a ir a Nueva York de shopping.  Doña Frances aprovechó para decirle que trajera ollas de las que no puede conseguir aquí. 

Cuando terminamos y era hora de dormir Doña Frances nos preparó la habìtación que había sido de Uno. Yo no me acuerdo de qué pasó, porque nomás me puse mi piyama matapasiones y me acosté en la cama me quedé dormida. Hoy me levanté muy descansada, al grito de panqueques con jarabe de arce y me sorprendí de que Uno no estuviera en la cama. Y claro, ¿cómo iba a estar? Si seguramente lo tumbé en la noche  y el pobre se durmió en el suelo. 

Nada más que lleguemos a casa voy a tener que compensarlo. Por ahora, envío esto antes de que se le acabe la señal al iphone. Nos vemos luego.

Abrazos a todos.

Posted: Sunday, April 19th, 2009 @ 9:39 pm
Categories: CATAstrofes.
Subscribe to the comments feed if you like. Both comments and pings are currently closed.

Comments are closed.