27
Jul

¡Gran cumpleaños tuve!

Posted by Cataclí­smica on Cataclismos

Nos fuimos de paseo todo el fin de semana. Era la primera vez que yo acampaba en pleno bosque (Paco, tienes razón: es delicioso) y estaba rodeada por mi familia, mis amigas y mi novio. ¿Qué mejor forma de pasar un cumpleaños?

Estaba yo dormida cuando Uno y Jack llegaron en dos autos, uno lleno de Maybricks y otro vacío. Con Jack venían mis sobrinitos, Lilith y Holi. Uno venía solo. Mis colocatarias ya cargaban todas las cosas en el auto cuando yo por fin recordé que me tenía que mover si no quería quedarme en casa, y cuando finalmente aparecí Tricia le pagó 20 dólares a Tomoka, que puso cara de conejito y se subió al auto. Las condenadas apostaron a que me quedaba dormida. Me conocen muy bien.

Total que nos fuimos a un parque nacional que Uno conoce muy bien, y Jack venía atrás en la camioneta rentada para la ocasión. Me puse a hacer cuentas y descubrí que las niñas estábamos a razón de 3:1 con los muchachos. Viva el feminismo.

Total que llegamos, se pagaron los derechos de piso correspondientes, Uno me indicó dónde estaban los baños por si necesitaba regresar con caracter de urgente, y se puso a desmontar todo con ayuda de Jack. Yubi, Tricia y Tomoka bajaron la comida, Holi y Lilith a mis sobrinos. Ichuel, Jay y Tobi estaban muy contentos, Nirvana no tanto porque traía dolor de estómago, pero se le quitó cuando vio que había ardillas. En menos que canta un gallo Jack y Uno ya tenían armada una tienda de campaña que parecía hospital militar movil (y después me enteré que sí, era un hospital militar móvil que Uno había conseguido) y montaron un par de bolsas de dormir afuera.

Tomoka se quedó extrañada de ver las dos bolsas de dormir. Y preguntó por qué había dos bolsas de dormir. Jack, en su francés macarrónico, respondió que para cuidarnos de Yogi y Tomoka quitó la cara de conejito y puso cara de perrito confundido. Hasta ladeó la cabeza. Uno dijo que por estas tierras había un monstruo enorme llamado Yogi, que no era un sasquatch o  pie grande cualquiera, sino un oso café que tenía la costumbre de robar la comida de los turistas, y era acompañado por un oso más pequeño. La seña particular de Yogi era que usaba un sombrero, que era lo único que había sobrevivido de un turista con el que luchó por un sandwich de jamón y un huevo duro con mucha pimienta. Tricia y yo tratábamos de contener la risa mientras Tomoka se imaginaba cosas horribles porque puso cara de gato asustado, y me miró para preguntarme si era cierto. Yo simplemente asentí.

Jack dijo entonces que no se preocupara, porque para fortuna de nosotras, Uno y Jack acababan de recibir su licencia de guardabosques clase Jellystone, y como cualquiera sabe, un guardabosques clase Jellystone sabe perfectamente cómo preparar un repelente efectivo para osos, pero que si era huir, lo mejor era hacerse el muerto y no respirar, porque los osos huelen el miedo y es preferible que huelan un jamón cocido a una japonesa, dado que el jamón cocido no grita.

Tomoka estaba pálida, pero también incrédula, y terminó diciendo “me están tomando el pelo, ¿verdad?” a lo que respondí con un “Oui, mon chérie.” De lo que te perdiste, V, por estar en Vancouver celebrando con B.

Bien pronto Jack se hizo cargo de la situación. Reunió a sus niños y en tono militar, les ordenó que trajeran leña para hacer fuego. Uno estaba tratando de abrir la boca para decir que no era necesario y además no debían hacer fuego en el campamento pero los niños ya se habían ido en cuatro direcciones diferentes ante la mirada preocupada de Lilith. Jack, entonces, sacó la estufa de butano y la ensambló. Uno dijo una palabrota en quebecuá (decía algo sobre un cáliz) cuando se dió cuenta de lo que había hecho Jack para que sus crías no estuvieran alrededor de la estufa. Los niños llegaron con ramas y palos, y Jack los mandó a buscar piedras para hacer un refrigerador. Y antes de que Jay pudiera decir algo más, le dijo “no, no puedo hacer televisiones todavía.” Los niños se fueron a buscar piedras y Jack sacó la hielera y la puso junto a la camioneta. Jack dijo que iba a hacer el almuerzo y que fuéramos a explorar todos por un rato. Uno y yo nos fuimos por nuestro lado y prometimos regresar en una hora.

El bosque está muy bonito. Es fresco, y no hace calor, pero tampoco frío. Llegamos al río que está por ahí y nos sentamos a platicar. Yo me acomodé contra el tronco de un árbol y Uno puso su cabeza sobre mis piernas. Yo le acariciaba el pelo y le preguntaba qué opinaba de mi familia.

“Tienes una familia muy rara,” dijo, “pero muy unida. No cualquiera hubiera gastado una fortuna como la que ellos gastaron para venir a festejar contigo.” Y entonces yo le dije “Uno, ¿me amas?” “Mucho.” “¿Y te gustan las estrías?” “¿Qué?”

Creo yo que para esta clase de preguntas el único tipo preparado para responder es Jack. Ni siquiera V, que siempre tiene una respuesta a la mano y es bastante ágil mentalmente, sería capaz de responder a ésta pregunta. Miré a los ojos a Uno y volví a preguntar “Que si te gustan las estrías.” Y Uno sólo pudo responder “¿Qué clase de pregunta es ésa?” “Quiero tener una familia grande, corazón. Como la tuya y la mía. Y eso implica estrías.” “¿Y dónde quisieras criarlos?” “Podemos pasar invierno en México y verano en Canadá. Serían trilingües.” “¿Lo tienes todo muy bien planeado?” “No, voy haciendo mi plan según lo que sucede cada día.” Y lo besé.

No vuelvo a hacerlo. Cuando menos no en esa posición. Pero Uno entendió mi punto. Y dijo “¿Cómo sabes que soy el hombre de tu vida?” “De la misma manera que tú sabes que soy la mujer de tu vida.” “¿Y cómo sabes que yo sé que tú eres la mujer de mi vida?” “Me lo dijo tu hermanita.” “Claro, eso lo explica todo.” “Y mi hermana también te lo dijo.” Y uno se quedó callado por un rato antes de decir “Sí.”

Un rato después quien estaba acostado sobre las piernas del otro era yo. Uno me estaba contando que no se quería apresurar a nada, pero que nunca se la había pasado tan bien con una chica como se la pasaba conmigo. Yo tampoco puedo decir que no me gusta estar mucho tiempo con Uno. Pero yo creo que lo mejor es que ambos nos damos espacio. Llevo 5 meses con él y siento que si me propusiera matrimonio sí aceptaría, pero también reconozco que en 5 meses apenas hemos estado juntos (según mis cálculos) 17 días enteros. Jack sostiene que mientras no pasemos 42 días con todas sus horas juntos, no sabremos lo que pasa o deja de pasar con nosotros.

Yo le pregunté a Uno por qué decidió acompañarme a México cuando terminara yo mi estancia aquí. Me dió la misma razón que me dio V cuando dijo que también venía a Canadá: ninguna. Empecé a decir que me sentía responsable de haberlo convencido, y me dejó en silencio de la mejor manera posible: con un beso de esos que quitan el aliento.

Por supuesto, él tampoco piensa volver a besarme en esa posición.

Terminamos uno a cada lado del otro, abrazados y besándonos, y ya estaba yo dispuesta a llegar más allá cuando llegó Tobi diciendo que sus tíos estaban revoloteandose como su  papá había dicho. Uno, que todavía no entiende mucho español pero que progresó bastante ahora que estuvieron aquí los gemelos, se me quedó mirando con cara de “¿Qué?” y yo a su vez lo miré con cara de “¿Qué?” porque no entendí bien qué había querido decir Tobi. Entonces escuché a Jack decir “Revoloteandose no, m’hijo, refocilandose…”

Pobre de mi sobrino.

La cosa es que Jack ya había hecho el almuerzo y nos estaban buscando. Y a pregunta de Tomoka, que dijo en francés “¿Y dónde está la parejita?” Jack y Lilith respondieron al unísono y en español “Follando…” mientras Holi se botaba de risa en alemán. Pero que quede claro: todavía no habíamos empezado ni siquiera a quitarnos la ropa cuando llegó Tobi. Me hubiera muerto de vergüenza.

La mesa del almuerzo estaba servida como me gusta: llena de comida. Había comida de todos tipos. Tomoka estaba desesperada por empezar a comer, Tricia se preguntaba cómo había sido posible que tanta comida hubiera entrado en la camioneta, Yubi estaba feliz ayudando a Jack a terminar de servir la comida caliente, y los demás nos sentamos a la mesa. Todos, menos Jack. Incluso Yubi, a quien Jack le dijo algo sobre las malas costumbres chinas de no querer sentarse a la mesa. Mientras los demás comíamos como osos de caricatura, Jack terminaba de preparar algo que involucraba una lata de crema chantillí en aerosol. De vez en cuando llegaba a la mesa, comía un par de bocados y ponía una cucharada de algo en su plato, que dejaba ahí, y regresaba a lo suyo. Cuando terminó, llevó su plato a la estufa de butano, y en el lugar de su plato puso un pastel.

Un pastel hecho en su totalidad con twinkies, crema chantillí y chispitas de colores. Y con una velita con un signo de interrogación arriba.

Todos me cantaron “Feliz cumpleaños” en un idioma diferente y corté mi pastel. Tomoka de nueva cuenta era la más divertida. Ichuel y Tobi eran los siguientes en la escala, pero Tomoka era la que estaba estaba más divertida. Mientras todos terminaban de reir y contar chistes que no se entendían, Jack se comía el contenido de su plato, una especie de buffet en miniatura.

Yo de pronto desperté. Estaba dormida sobre la bolsa de  dormir que Jack había puesto. Todos los demás estaban dormidos.Y tras la comida que dimos, no era para menos. lo que no me acuerdo fue cómo me dormí. Uno estaba junto, abrazándome, roncando plebeyamente. Los niños estaban jugando. me levanté, y le dije a Uno que se levantara, y nos fuimos a caminar a donde estaba el río. Le dije a Tobi que si alguien le preguntaba a dónde nos habíamos ido, le dijera que nos habíamos alejado nueve meses. Se me está pegando la forma de ser de Jack.

Estábamos en el río, y como en las novelas románticas, me metí al agua. Igualmente metí a Uno al agua. Nos llegaba hasta las rodillas, y las piedritas lastimaban, pero me valía madres. Le dije a mi francesito que si me amaba, lanzara la cartera y el celular a la orilla sin mirar atrás. Uno me miró, levantó una ceja, cerró el otro ojo, y terminó sacando su cartera y su celular, y los aventó a la orilla. Le quité la chaqueta y también la aventé a la orilla, y me quité la mía y también la aventé. Tomé a Uno de las manos y me fui haciendo para atrás en el agua, y Uno se dejó guiar dócil. Cuandoya llevábamos el agua a la altura del ombligo, me abrazé de Uno y lo tiré al agua.

Y entonces pasó lo que tenía que pasar en las historias a la Maybrick. ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué no le puede pasar a alguien más? ¿Por qué demonios un mapache tuvo que agarrar las cosas de Uno y por qué me tocó a mí ver que mi chamarra se la estaba llevando el río?

Mientras Uno le gritaba al mapache y batallaba para recoger su cartera, yo iba tras mi chamarra, que por fortuna se quedó atorada en una rama baja sobre el agua. Nos sentamos en la orilla, con los pies en el agua, y Uno me preguntó “¿Salió todo como esperabas?” Yo me eché a reír y lo tiré al suelo. Y lo besé. Y lo abracé. Y lo demás se lo pueden imaginar.

Ha sido mi mejor cumpleaños hasta la fecha.

9 Responses to “¡Gran cumpleaños tuve!”

  1. madmax says:
    July 27th, 2007 at 11:29 pm

    ¿Realmente crees que sólo pasa en las historias a la Maybrick? Más bien diría yo que pasa casi siempre que no hay alguien con potestad para soltar un “¡Cooooorten! ¡Toma mala! ¡Repetimos!”.

    ¿Para cuando un fotoblog con las caras de Tomoka?

    Ah, bueno. Y felicidades, claro. Ya me gustaría a mí…

  2. Cataclí­smica says:
    July 28th, 2007 at 12:33 am

    Las películas mentales no cuentan, Max querido. A veces creo que mi vida diaria tampoco cuenta y que vivo en medio de un reality show. Un día de éstos una lámpara me va a caer en la cabeza.

    No sé si a Tomoka le gustaría que la conocieras. Te imagino babeando como al Lobo que hacía Tex Avery. (^_^)

  3. madmax says:
    July 28th, 2007 at 6:44 pm

    Lo de babear frente a una mujer debe de ser mi estado natural. No estoy interesado en conocer a Tomoka (bueno, sí, pero no es el tema ahora), lo que quiero es ver esas caras de conejito, de perro confundido, de gato asustado y demás fauna. Aunque supongo que perderían gran parte de su gracia sin el vídeo de la transición desde el estado normal.

    Y oye, ¿qué quieres? A alguien tendré que acosar si tú te vas con Uno.

  4. Awake says:
    July 29th, 2007 at 5:26 pm

    Yo creía que el agua fría impedía la dilatación de los vasos sanguíneos, XD

    Mks.

  5. Cataclí­smica says:
    July 29th, 2007 at 6:10 pm

    Pero nosotros ya no estábamos en el agua… :D

  6. Mus says:
    July 30th, 2007 at 5:41 pm

    > ¿Qué mejor forma de pasar un cumpleaños?

    ¿En una suite del Camino Real de Oaxaca (si los dejan llegar las barricadas)? Con un poco de vino tinto y sin familiares cerca, claro. ;)

    Facilidades.

  7. Cataclí­smica says:
    July 31st, 2007 at 1:28 am

    Me acabas de describir mi luna de miel, Mus querido. Y eso que no pienso casarme en un futuro muy cercano.

    Gracias por los saludos a todos, pero he estado bien ocupada. me acabo de graduar a subjefa de enfermería pediátrica porque nadie más quiso tomar la responsabilidad de reemplazar a la original que se fue de vacaciones este verano. Un mes, se fue la mujer ésta, un mes. No había tomado vacaciones en 10 años, eso sí.

  8. Mus says:
    July 31st, 2007 at 10:16 pm

    ¿Un mes nada más? Bua… si lo oyera un francés se pondría en huelga. En huelga de controladores aéreos, por ejemplo, que es la típica huelga que hacen todos los franceses cada cuatro o seis meses. :D

    Y si se enterara de que es nada más un mes y después de haber estado 10 años sin parar, además de la huelga destrozaría y quemaría miles de coches en tremenda algarada callejera unipersonal. Menudos son, los franceses…

  9. Cataclí­smica says:
    July 31st, 2007 at 11:20 pm

    Es que Francia no es Québec, Mus querido. Aquí desean independencia; los dólares ya los tienen, y las vacaciones también. Y Lulu, a quien estoy reemplazando, casi fue obligada a tomar vacaciones. Más que métis parecía mapache, la pobre.