08
May

Global Québec

Posted by Cataclí­smica on Cataclismos

Sí­, no tengo ganas de pensar en un tí­tulo adecuado y le puse el nombre de una estación de televisión, ¿y qué?

De cualquier manera como tí­tulo funciona, porque Otro es francés y Yubi es china, y yo soy parte mexicana, parte española, parte francesa, parte inglesa, parte portuguesa, y totalmente un desmadre, pero ése no es el punto. El punto es que Otro es francés y Yubi es china, y ambos son novios y han roto y se han vuelto a reunir varias veces.

Si he de pensar en alguien para describir a Otro dirí­a que es como Pepe le Pew pero sin aroma.

En ese sentido, yo tiendo a pensar que Yubi podrí­a ser como Penélope Pussycat.

Y de cierta manera que sí­ lo es. Yubi es muy modosita y le incomoda el contacto cercano con la gente, aunque tras ver lo que hace con Otro una pensarí­a que es exactamente lo contrario. Pero es que Yubi es así­. Cuando come, se tapa la boca al llevarse un bocado de comida, y mientras mastica con la boca cerrada pone las manos sobre el regazo tras haber dejado los palillos en su lugar. Siempre mira hacia abajo por más que tratas de que te hable a los ojos. Habla con una voz bajita, bajita, como si le diera pena que la escucharan. Y es que sí­, le da pena que la escuchen. Y como además tiene problemas para diferenciar la R y la L pues su vergüenza es mayor.

Otro, en cambio, es francés hasta decir basta, efusivo, simpático, alegre, divertido, efervescente, y otro montón de adjetivos. Y maneja tres dialectos de francés, el metropolitano, el acadiense y el quebecuá, con una facilidad admirable. Habla mejor francés que Sophie, que todaví­a insiste en que los quebecuás no saben hablar correctamente. Y pareciera que Otro no tiene otra ambición en la vida que comerse los huesitos de Yubi. Y llega a ser chocante en ocasiones. En algunas ocasiones, para ser más precisa, más que chocante parece ser obsesivo compulsivo.

Tomemos por caso el rompimiento de hace una semana.

Yubi estaba muy a gusto arreglando algunas cosas con los pacientes que iban a cirugí­a, mientras yo moví­a bebitos de incubadoras a cuneros normales con ayuda de mis alumnas. Aquí­ entre nos, cuando algunos de los bebitos ya están lo suficientemente maduros como para dejar la incubadora por un rato, yo me pongo una cobijita a manera de rebozo y los paseo por todo el cunero mientras hago mis labores normales. Los bebitos miran asombrados todo lo que pasa y cuando llega la hora de comer, lo hacen con unas ganas que da gusto verlos, y luego se quedan plácidamente dormidos. He notado que ganan peso más rápido, así­ que en sus tablillas de reporte escribo “Este bebito debe ser amado 4 veces al dí­a,” y mis alumnas y algunas compañeras hacen lo mismo, aunque sin el rebozo. Los bebitos dejan la incubadora más pronto, lo he notado. Y ya me alejé de lo que querí­a decir.

Ah, sí­, que Yubi trabajaba. Otro llegó en silencio, cosa muy difí­cil de hacer cuando trabajas en el hospital universitario, pero se las apañó para llegar y abrazar a Yubi de espaldas por la cintura para luego besarla en el cuello, con tanto éxito que Yubi gritó y lanzó por los aires sus reportes, y de paso despertaron a medio mundo. Si no despertaron a mis bebitos fue por pura suerte. Salí­ a ver qué pasaba y ví­ a Yubi llorando y dándole de golpes a Otro, mientras gritaba cosas en mandarí­n. El pobre de Otro no entendí­a lo que pasaba y yo tampoco, así­ que hizo lo obvio: decí­a “perdón, perdón, perdón…” mientras se alejaba, protegiéndose la cabeza.

Yubi estaba realmente asustada, y como mis conocimientos de mandarí­n son inexistentes, tuve que hablarle a una de mis compañeras que sí­ hablaba mandarí­n para que me ayudara a calmar a Yubi. Y es que decir que estaba asustada era poco. Aparentemente en su región hay cuentos de vampiros o bichos similares que, por cierto, hacen exactamente lo mismo que hizo Otro con las doncellas en edad de merecer (si escribo muy ridí­culo, perdónenme, es que me encontré con una revista “Vanidades” en español en la sala de espera y estuve leyendo a Corí­n Tellado, ¿okey?), y Yubi, que no se ha acostumbrado a vivir en estas tierras, brincó de miedo. Le echó la culpa al mal feng chuy o como se escriba eso, pero la verdad es que la niña extraña mucho su tierra y se pone a leer cuentos en mandarí­n que saca de la biblioteca, y creo que esa semana le tocó uno particularmente tenebroso.

El resultado es que Yubo y Otro rompieron y Yubi estuvo asustada y enojada por dos dí­as, hasta que llegó Otro con cara de perrito regañado con un enorme ramo de flores. Y tomando en cuenta que aquí­ las flores no son baratas, y que el ramo era realmente enorme, y que además estaba decorado con flores de loto, y que además traí­an una tarjeta escrita en chino simplificado con un mensaje de amor, y que además se las arregló para pedir perdón en mandarí­n macarrónico, que además debió de sonar a algo totalmente diferente porque Yubi soltó una risita y se tapó la boca, y que yo estoy usando muchas comas en lugar de separar esto en oraciones más pequeñas, podrán darse cuenta de que la niña volvió a caer rendida a los pies de Otro. Y que Otro ha hecho lo posible por no perder a Yubi. Si eso no es amor, no sé qué será.

Yo no sé si ese par vaya a terminar juntos o no. Se me antoja que sus diferencias son más irreconciliables que las que tenemos Uno y yo, que hemos estado a punto de romper, aunque Jack nos ha advertido que no le hagamos caso al sí­ndrome de la toronja. Pero bueno. Mejor deberí­a hablar de otras cosas. Y si todo sale bien, luego voy a hablar de Sophie, que atrapó a un noviete por acá. Y no me van a creer de dónde es el chico… se los cuento mañana.

5 Responses to “Global Québec”

  1. Mus says:
    May 8th, 2007 at 12:20 pm

    Yo una vez le llegué por detrás a una novia, le tapé los ojos y fui a besarla. La cabrona no se dejaba, y cuando después de 2 segundos de forcejeo abrí­ los ojos (a mí­ eso de besar con ojos abiertos no me gusta, que me da como miedo), me di cuenta de lo obvio: no era cabrona, ¡es que no era mi novia! Era una chica con el pelo parecido (visto desde atrás) que se habí­a sentado donde mi novia solí­a en el aula. Mi novia estaba dos filas más abajo, mirándome muerta de la risa. Yo solté un “perdón perdón” de lo más menso y apenado, la chica atacada salió corriendo de allá y ya no recuerdo más.

  2. Cataclí­smica says:
    May 9th, 2007 at 1:01 am

    Eras todo un latin lover, Mus…

  3. Mus says:
    May 9th, 2007 at 2:17 pm

    Nasí­o p’al amol, mi reina. :D

  4. magdalene says:
    May 11th, 2007 at 10:09 pm

    ¿Cuál es el sí­ndrome de la toronja?

  5. Cataclí­smica says:
    May 11th, 2007 at 11:50 pm

    Dice Jack que el Sí­ndrome de la Toronja es, en esencia, el pretender divorciarte de tu pareja porque no te gustan sus pequeñas costumbres que no encajan con tu modo de ser. En este caso, las toronjas.

    Un dí­a estaban Jack y Lilith con un par de sus amigos y además estábamos Holi y yo de metiches, jugando “Escrúpulos,” y alguien sacó una tarjeta que decí­a “¿Qué no te gusta de tu pareja actual?” Uno de sus amigos dijo que no le gustaba la manera en que su novia comí­a toronjas. Dijo que pelaba las toronjas como si fueran naranjas y luego dejaba las cáscaras regadas por el suelo mientras se comí­a otra toronja. Y entonces Jack dijo “Hum, quién lo dirí­a…”

    Yo, de metiche que era (en ese entonces “Escrúpulos” era un juego para adultos muy adultos y yo tení­a apenas 14 años) le pregunté por qué habi­a dicho “hum.” Y Jack respondió que porque Lilith tení­a muchas pequeñas maní­as y pequeños defectos, pero que no podí­a encontrar nada que no le gustara de ella.

    Y pues sí­, si la gente ahora se divorcia por “diferencias irreconciliables” una se pregunta si no se referirán a la manera de comer toronjas o al ruido que hacen al sorber la sopa o masticar el cereal del desayuno. Uno solí­a masticar abriendo la boca de vez en cuando, hasta que yo empecé a hacer lo mismo, se le quitó la costumbre y ahora comemos en santa paz, y además sonriendo. Y tampoco me gusta su manera de comer toronjas, pero a cambio a él tampoco le gusta cómo me como yo mis naranjas. Y todos en paz.