Apr
DÃa de silencio, jamás.
Virginia y Houston. En ambos lugares un desquiciado sembró terror y muerte. En Virginia, 32 personas murieron. En Houston, sólo 1. En ambos lugares el desquiciado se suicidó. Pero ni Virginia ni Houston son los únicos lugares en los que desquiciados siembran terror y muerte. Afganistán, Irak, Nueva York, Washington. México, Acapulco, Tijuana. Toronto, Québec, Vancouver. En todos lados.
Y por más traumáticos que puedan suceder, por más que intentemos dejar esos eventos en nuestras memorias, no puedo más que pedirles que se sientan afortunados de no tenerlas siempre presentes en su corazón.
Porque las muertes que yo llevo en el mÃo duelen mucho más.
Mi especialidad es la neonatologÃa. En las ciudades en las que he trabajado siempre he estado en el área de neonatologÃa o de ginecoobstetricia, o de ambas al mismo tiempo. Y las muertes de los bebitos son las muertes que más dueles.
No me gusta platicarles nada de mi vida privada que pueda servir para identificar a mis pacientes, pero hoy voy a hacer una excepción parcial a la regla. Hace un tiempo ingresó al área de emergencias del hospital donde trabajo una jovencita. TendrÃa unos 22 años a 25 años y estaba embarazada de gemelos. Alguien la habÃa atacado salvajemente: llegó con un par de balazos en el vientre. Ella habÃa perdido mucha sangre y sus últimas palabras antes de desmayarse fueron “salven a mis bebés.”
Mientras los médicos trataban de mantenerla con vida el equipo de neonatologÃa llegó para tratar de rescatar a los bebés. En un trabajo conjunto los médicos de emergencias hicieron una cesárea muy rápida y nos entregaron a los bebés. Estaban grises. Y tenÃan heridas de bala y los cordones umbilicales seccionados. Los bebés son resistentes, pero no tanto. Lo intentamos todo por cuatro horas. Pero no habÃa nada por hacer. Y el cirujano en jefe pronunció las palabras de manera oficial. Los bebés estaban muertos.
¿Es justo que los bebés hayan sufrido semejante ataque?
Los cirujanos trataban de salvar a la madre la pérdida de sangre habÃa sido impresionante. La madre no pudo sobrevivir y no supo lo que fué de sus bebés.
¿Es justo que la madre haya sufrido semejante ataque?
Tres muertes. Dos balas. Un arma.
Los padres y el marido de la chica llegaron a reclamar el cuerpo. Yo estaba ahÃ. Và cómo la madre se desplomó de dolor al reconocer a su hija. Và cómo se alejaron transfigurados por el dolor. Unas horas antes madre e hija estaban felices. Unas horas antes un joven trabajaba feliz para darle a su familia el sustento que merecÃan. Una familia desapareció en un estallido de pólvora.
¿Es justo lo que les pasó a esas personas?
No. No es justo. Lo que le pasó a mis pacientes, lo que les pasa a mis pacientes, es doloroso. Escribo esto y mis ojos están llenos de lágrimas. He visto morir a madres y a hijos. He salvado a madres y a hijos. He visto a madres que han matado a sus hijos nonatos o a madres que los dejan morir. He visto tantas cosas que mi corazón me duele cada dÃa más. Y cada dÃa más me enfrento a la idea, y decido que si hoy puedo salvar a un bebé más, a uno solamente, mi vida habrá valido la pena.
Para mà la vida de los inocentes vale mucho. Vale lo suficiente como para hablar de ella. Hoy yo no me callo. Hoy yo hablo en nombre de quienes no tienen voz, en nombre de quienes nunca conoceremos y en nombre de quienes no podrán nunca conocer la alegrÃa de un dÃa fresco de verano.
Hoy yo hablo porque puedo hablar. Hoy, yo hablo.
May 1st, 2007 at 2:37 am
Espero que las alegrÃas sean más frecuentes que los casos como este. Aún asÃ, yo no podrÃa. Ya a mitad del texto casi no veÃa la pantalla. Incluso paso temporadas malas si se rompe una radio, se raya un coche o se estropea la ropa, por ejemplo. Asà que, aunque no me gusten los médicos, nunca dejaré de admirar a quienes trabajan con enfermos, sabiendo que a veces se encontrarán con casos imposibles.
May 1st, 2007 at 8:53 pm
Entiendo tu punto, Cata querida, y estoy de acuerdo con él. El mundo está lleno de tragedias anónimas y en tu calidad de doble profesional de la medicina (médico-enfermera) te han tocado (y seguramente te seguirá tocando) vivir muchas. Es una labor muy noble la que haces, Cata, eso es innegable.
Y no, no te calles. Nevah! (con acento de Michael Caine en Batman Begins).
Un abrazo.
May 3rd, 2007 at 2:12 am
Las alegrÃas son enormes y constantes, pero los fracasos son tan fuertes que te parten en dos. Yo simplemente espero nunca llegar a tener un trozo de hielo en lugar de corazón.