Mar
Vaya mes…
Cuando vine a Canadá sabía yo que mi vida iba a cambiar mucho. Además del frío, que soporto estóicamente a base de quejas, no tengo tiempo para mis actividades favoritas, que son comprar, ir de compras e ir a los centros comerciales a comprar, no necesariamente en ese orden. Pero ahora las cosas se me complican más, gracias a Uranai.
En su calidad de jefa general de enfermeras, Uranai decide todo lo que nosotras haremos. Pues bien, para la próxima semana, cuando se suponía que me tocaría ir por Jack al aeropuerto, Uranai decidió que mi grupito de estudiantes y yo tenemos que ir a un pueblecito llamado St-Faustin Lac Carre para trabajar durante dos semanas en la clínica de ese lugar. Bueno, en teoría sólo mis estudiantes, pero yo también tengo que ir en calidad de estudiante de medicina. Mientras mis alumnas aprenden enfermería, yo estaré ahí en calidad de interna de medicina general.
La ventaja es que el hospedaje nos lo pagan, junto con los alimentos y el transporte. Y además nos van a invitar a una cabaña de azúcar cercana. Lo mejor de todo es que me van a tratar como médico, así que me van a pagar como a médico. Lo malo es que no voy a poder estar en contacto tanto como quisiera, pero de que voy a seguir escribiendo voy a seguir escribiendo. Ya veré cómo.
Uranai me dice que no cualquiera de sus alumnas fue elegida para ese programa, que es de servicio social. Como yo soy la única este año que además de ser enfermera estudia medicina, fui la candidota ideal. Eso se ve muy bien en mi curriculum y además me va a aumentar el sueldo en dos dólares más la hora.
Ya estaba yo muy contenta y cuando llegué a casa dispuesta a celebrar me encontré a Yubi sentada junto a la ventana abrazada de Ozzie, lo cual ya es preocupante porque Yubi le tiene miedo a los perros. Y entonces me acordé que Otro no se había aparecido en una semana, así que le pregunté qué pasaba. Dió un suspiro de mujer enamorada y dijo “nada…” así que hice lo obvio: insistí. Y me dijo que Otro había tenido que ir a Montréal y que lo extrañaba. Cuando le pregunté por qué abrazaba a Ozzie me dijo que era buena compañía y sabía escucharla.
Como sea, aproveché que Sophie y Mai no estaban para cocinar una sopa de letras que me traje de México y que no quería compartir con nadie. Hice una excepción con Yubi porque a ella sí le pegó duro el amor. Cociné mi sopa preparada, le dí un plato rebosante y la obligué a que se la comiera, y el resultado fue que me pidió un segundo plato. Yo me serví también la segunda porción y la obligué a que me dijera de dónde era ella.
Yubi nació en Yunnan, una provincia de China. Nació en una ciudad llamada Lijiang, y eso hace que Yubi sea de la etnia Naxi. Ahora sé que sus papás tienen una tienda en Lijiang, que su papá vendió casi todo lo que tenían para pagarle el viaje a Canadá y que no quiere regresar porque teme decepcionar a sus padres. Su hermano, que es el menor y tiene 10 años, espera con ansias las cartas que Yubi le manda desde Québec. Yubi aprendió a hablar francés cuando un turista que se quedó bastante tiempo le enseñó los rudimentos del lenguaje, y prefirió estudiar francés antes que inglés porque así su tienda sería la única en que atenderían a los clientes franceses, lo que funcionó bastante bien por un tiempo. Su hermano no quiere estudiar medicina, y quiere ser ingeniero. Creo que podremos hacer algo al respecto.
Yubi se acostumbró admirablemente al modo de vida canadiense, y cuando termine sus estudios quiere visitar más mundo. Yo creo que voy a obligarla a que vaya conmigo a México. Le estoy enseñando las diferencias entre el español y el francés y ella está aprendiendo rápido. Por lo pronto ya es capaz de leer las catástrofes en el blog aunque todavía no entienda los cataclismos. Cosa interesante, no quiere enseñarme a hablar su enrevesado idioma.
Estuve jugando dados con Yubi hasta tarde. Creo que soy una mala influencia para esta niña. Nos fuimos a dormir y disfruté yo del hecho de tener la calefacción más bien bajita (19 grados en lugar de los 24 que le gusta tener a Mai). Yubi tenía un examen hoy y yo disfruto de mi día libre, que casi se acaba. Aprovecho para decir que no sé cómo le voy a hacer pero yo en verano me largo a Montréal a ver el mundial Sub 20 en verano. No tengo idea de cómo le voy a hacer para justificarme pero antes me dejo extirpar un ovario que no ver jugar a las selecciones de Portugal y de Brasil (y si la selección mexicana se libra es porque va a jugar en Toronto y Edmonton). Como sea, la cosa es que cada día que pasa me acostumbro más a vivir en estas heladas tierras pero definitivamente sufro del síndrome del Jamaicón, y espero con ansias que llegue el 2 de enero de 2008, que es cuando me regreso a Guadalajara.
Besos a todos. Los veo luego.
March 7th, 2007 at 5:38 am
Aaaaaaahh… sopita de letras para el frÃo… que rico
March 7th, 2007 at 6:34 am
Déjame adivinar… estuviste jugando Liar’s Dice…
March 7th, 2007 at 11:47 pm
Y seguro que a lo de St-Faustin Lac Carre se presentó voluntaria para dejar que Jack pase un tiempo en las frÃas tierras quebecuás antes de verle.
March 8th, 2007 at 5:57 am
Nah, se presentó por el dinero; la conozco, la conozco…
March 27th, 2007 at 10:44 pm
Hace 4 meses estube en Canada y me pareciomun lugar maravilloso, a pesar del frio que es intenso.
te recomiendo que veas el otro lado del rio si Uranai, te toma en cuenta y lo consideras nagativo esto esta en tu mente. Busca el lado positivo, entiendo perfectamente. ya que la soledad es muy dificil. solo toma en cuenta el por que estas ahi y otro detalle. Piensa en cuanta gente quisiera llegar a donde tu estas y solo queda en sueños no realizados. Esto me paso en Montreal. y me llego un (digamos ) rayo de luz, y me di cuenta de que si en su momento estaba solo, yo solo habia llegado a donde yo habia deseado y querido
te deseo mucha suerte en tu futuro y recuerda que lo que el dia de mañana se cocecha es por el dia de Hoy sembramos con Amor y Esperanza
March 28th, 2007 at 1:49 am
Gracias por tu comentario, Jorge, pero la verdad es que a mà me gusta quejarme en mi blog. No es que realmente me sienta como cucaracha en un congelador, vivo muy feliz aquà y más ahora que mi hermano está cerca; sólo me gusta quejarme en público para que me hagan caso.