27
Sep

Sorpresas te da la vida (iii)

Posted by Cataclí­smica on Cataclismos

Una estafa muy común es “El Viaje Gratis” que ni es viaje, ni es gratis, y a veces ni siquiera es “El”. Hubo un par de casos muy sonados por estos lados en donde hasta llegaron a cerrar un par de agencias de viajes fraudulentas… y en uno de esos casos estuvimos Jack y Yo, mientras que en el otro estuvieron Jack y Ed. Los detalles fueron casi los mismos, pero como yo estuve en uno, pues ése será el que narre.

Jack acababa de recibir su primera tarjeta de crédito. Bueno, eso de acababa es un decir. Ya tenía como un año con ella. Faltaban unos meses para que se cambiara de casa, y por alguna razón había llegado temprano del trabajo. Estábamos jugando al poker Jack, Ed y yo, cuando sonó el teléfono y yo contesté.
–Con el Sr. Mábrica, por favor.
–Eh… ¿Quién, perdón?
–El sr. James Mábrica… –dijo el tipo, pronunciando el nombre como James y no como Yeims.
–Ah, se lo comunico –dije, y le dí el teléfono a Jack.
–¿Sí?
–Con el señor Mábrica, por favor.
–Yo soy.
–Mucho gusto. Mi nombre es Aniceto Menchú Farías, y me comunico de la Agencia de Viajes Ambulancia, ya que por ser usted cliente distinguido de Visa y Mastercard a usted se le ha otorgado un premio consistente en una cortesía para dos personas por tres días y dos noches uno de cinco destinos turísticos a elegir, siempre y cuando usted de presente para recoger su cortesía el sábado próximo a las 2 de la tarde en el Salón Zote del Hotel Lazo, con una identificación oficial y su tarjeta de crédito para verificar que es usted el afortunado ganador. ¿Podemos contar con su asistencia o debo otorgarle su cortesía a otra persona?

Jack sospechaba algo, en especial por lo de cliente distinguido dado que su línea de crédito era de magros tres mil pesos, y cuando compraba algo casi siempre se sobregiraba de inmediato, pero al fin y al cabo no le pidieron datos por teléfono y un viaje gratis es un viaje gratis. Así que dijo:
–Ahí estaré.
–Perfecto. Contamos con su asistencia. le repito la dirección, el Salón Zote del Hotel Lazo, ubicado en Av. General Descontento # 666 colonia Víctimas de Hugo Chávez. Queda usted confirmado y lo esperamos por allá.

Como yo siempre he sido la menor (durante un tiempo tres de mis hermanos fueron sucesivamente los menores, con la excepción de Jack, que pasó de ser el único al mayor cuando nació Holi) le rogué a Jack que me llevara con él para ver de lo que se trataba (caray, yo tenía unos 12 años) y allá fuimos. Primero que nada, localizar el Hotel Lazo, que no fue tarea tan difícil como encontrar estacionamiento. Y luego, buscar el Salón Zote, que casualmente estaba justo al lado del Salón Cito. Llegamos, y la señora que hacía las funciones de secretaria le preguntó su nombre a Jack cuando nos vió llegar.
–José Vasconcelos –respondió Jack.
La señora apuntó el nombre en una lista, y le dijo que pasara al salón justo cuando yo estaba a punto de abrir la boca para decir que Jack no era José Vasconcelos. Jack me empujó mientras musitaba un gracias y me metió al salón.
–¿Su nombre, por favor? –dijo el tipo que estaba en la puerta, dentro del salón.
–Pablo Neruda –dijo Jack.
–Ah, sí, lo estábamos esperando, señor Neruda. Mesa siete, por favor… –e hizo una seña para que un mesero nos llevara a la mesa, y nos ofreciera un refresco y canapés.
Yo me puse a examinar los canapés mientras Jack examinaba el salón. En todas las mesas había tipos de diversos pelajes, grosores, colores, olores y sabores en los cuales otros tipos vestidos de uniforme hablaban hasta por los codos, escribían sobre papeles, preguntaban cosas, y estrechaban manos.
–Buenas tardes –dijo una niña de unos 20 años, con toda la cara de estudiante de turismo. Yo agarré unos canapés y me los llevé a la mesa, para sentarme y escuchar todo– ¿Con quién tengo el gusto?
–Juan Rulfo, señorita…
–María Expropiación Petronila… ¿Me permite que le diga que su nombre es como el del escritor?
–Sí, me lo dicen mucho… Pero bueno, usted dirá…–dijo Jack.
–Mire, nosotros somos una agencia de viajes internacional que está iniciando operaciones en Guadalajara, y para ello hemos organizado un sorteo en el cual se escogió a 100 personas para recibir una cortesía, consistente en tres días y dos noches en un hotel todo incluído en Cancún, Puerto Vallarta, Los Cabos, Manzanillo, Huatulco o Mazatlán. Usted sólo pagaría su transporte…
–Elijo Manzanillo –interrumpió Jack.
María perdió el hilo por un instante, tiempo que aproveché para morder otro canapé, y María continuó.
–Bien –dijo, apuntando Manzanillo en una casilla de la forma en su cuaderno de notas– pero yo además quería decirle que, dado que es usted un cliente distinguido de Visa y Masterdard, la agencia le ofrece la oportunidad de unirse a un paquete vacacional especial. ¿Se imagina usted lo que es poder viajar por todo el mundo sin gastar prácticamente nada…?
–De hecho –interrumpió otra vez Jack–, así he vivido casi toda mi vida…
María se quedó desarmada y confusa. Jack aprovechó para comerse mi último canapé, así que fui por más mientras María ordenaba sus ideas.
–Okey, bueno, pues le decía que mi agencia le ofrece la oportunidad de recibir un paquete de beneficios en los cuales usted puede elegir el destino que más quiera para cualquie época del año y mi agencia le consigue el mejor precio…
–Mi agente de viajes también…
–Pero me refiero a que le conseguimos el mejor precio porque le damos habitaciones de lujo a precio de habitación normal…
–Basta con ir en temporada baja y reservar antes…
–Pero mi paquete le ofrece todos estos beneficios en doce viajes por un año por sólo trecemil pesos…
–Pero yo no viajo tanto como para que me sea conveniente…

Y así siguieron un ratito que duró cuatro canapés. María se dió por vencida y le dijo que iba a hablar con su supervisor para que le dieran la cortesía. Yo ya no fui por canapés, sino por un refresco. Llegó un tipo más experimentado, de la misma edad que Jack más o menos.

–Muy bienas tardes –se presentó–. Soy el Licenciado Armando Rompecabezas.
–Mucho gusto…
–¿Me repite su nombre? Creo que no lo escuché…
–Creo que no lo dije, en primer lugar –dijo Jack–. Manuel Payno.
–Señor Payno. ¿Puede confirmarme el lugar a donde desea ir?
–Puerto Vallarta.
–Sí, perfectamente. Me parece que mi compañera le había hablado ya sobre nuestra membresía…
–Sí, me habló, sí.
–¿Y le interesó?
–No particularmente…
–¿La duración seguramente? Doce meses para viajar a doce destinos diferentes es muy poco tiempo, ¿verdad?
–Sí, muy poco tiempo, muy poco…
–Entonces le ofrezco un paquere mucho mejor. Verá usted, aquí tengo un paquete que le cuesta sólo 10000 y le sirve para viajar a 8 destinos diferentes en 24 meses… Permítame explicarle las ventajas de este paquete…
Y  yo aproveché para ir por más canapés y otro refresco, esta vez para Jack.
–No me interesa realmente…
–Pero le gusta viajar, ¿verdad?
–Me gusta, sí, me gusta…
–¿Y por qué no aprovecharla? Con este paquete, aunque usted sólo viaje 4 veces el costo le será un 50% menor que de la manera tradicional…
–Sí, lo sería, sí… pero no me interesa.
–¿Por qué? Obtiene usted buenos hoteles, tarifas bajas garantizadas…
–Porque no viajo tanto al año… y además me gusta mucho quedarme un buen tiempo en un solo lugar. Y aquí no tengo opción para pasar más tiempo, y 4 días para mí son muy pocos días.
–Comprendo. Bueno, déjeme ir con el gerente para que le aprueben su cortesía…

Y se fue a hablar con el gerente. Y llegó el gerente.

–Muy buenas tardes, soy el Licenciado Aquél de Allá.
–Muy buenas tardes –dijo Jack.
–Voy a llenarle su cortesía. ¿Me podría dar su nombre completo?
–Con mucho gusto. Carlos Fuentes Macías.
–Gracias. Le ruego que llame a éste teléfono para confirmar su cortesía y para que le digan qué hotel y qué fechas están disponibles. La cortesía es válida por doce meses excepto en semana santa y pascua, navidad y año nuevo.  ¿Le informaron acerca de los paquetes vacacionales que tenemos?
–Sí, dos veces…
–¿Y qué le parecieron?
–Interesantes, pero no son para mí.
–¿Por qué?
–Porque no viajo tanto como para aprovecharlos paquetes y pagar por adelantado por algo que no voy a utilizar me parece algo muy estúpido.
–¿A dónde viaja usted?
–A multitud de sitios, casi todos congresos en el extranjero…
–Entonces usted debe invertir una suma importante de dinero en cada uno de esos viajes…
–¿Viera usted que no? Realmente  sé viajar muy bien, reconozco las mejores ofertas y oportunidades, y si me conviene soy capaz de disminuir mi categoría a cambio de quedarme más días por el mismo precio. Después de todo un hotel sólo lo uso para dormir…
–Tal vez le interesaría conocer entonces el paquete que tenemos para los miembros de la agencia… le daré el mismo precio que recibimos nosotros… es de sólo 5000 pesos y le permite hacer 6 viajes en tres años, y puede usted hospedarse hasta una semana en cada hotel…
–No, aún así no le sacaría provecho. A veces me tardo más en los congresos, porque me gusta hacer turismo. Y casi siempre los vuelos me los paga la Universidad o el Comité Organizador, y sólo pago yo mi hotel.
–¿Usted sabe cuál es la habitación de hotel más cara?
–¡Claro! La Suite Imperial del Waldorf Astoria, que es tan cara que tiene petrobonos en lugar de papel de baño…
–Ejem, sí, bueno, yo creo que en realidad la habitación más cara es la que no se usa.
–No. De verdad es la Suite Imperial del Waldorf Astoria…
–Bueno, sí, pero a lo que me refiero es que como nosotros podemos saber qué hoteles no tienen mucha demanda en una temporada determinada, podemos reservarles algunas habitaciones de antemano a un precio sumamente bajo…
–Yo también lo hago y sin necesidad de agencias… me basta con preguntarles a los de comité organizador…
–¿Pero es que usted no viaja nunca por placer?
–¡Claro! Asisto al congreso y me quedo otros tantos días para concoer la ciudad y la región… Por eso yo pago mis hoteles pero el comité me paga los aviones… y si no me pagan los aviones pues bajo de categoría para quedarme más tiempo…
–Esto es absurdo… –dijo enojado el licenciado Aquél, levantándose de la mesa sin despedirse, gritando algo de “¿Por qué no me dijeron que al señor le pagaban todo?” mientras regañaba a Armando y a María.
Jack, enojado, tomó la cortesía, me se tomó el refresco, me tomó a mí de la mano y nos fuimos. El tipo de la puerta le preguntó a Jack que si todo marchaba bien, a lo que Jack respondió que el licenciado Aquél de Allá (mientras lo señalaba) era un grosero y maleducado, a quien habría que rescindirle su contrato. El de la puerta prometió que se lo iba a decir al gerente y nos despidió con una sonrisa, antes de que yo pudiera decir que se suponía que el señor de Allá era el gerente.

A la salida del hotel, Jack me explicó que esto era una estafa y que no me extrañara si a los pocos días aparecía en el periódico que una agencia de viajes había estafado a un buen número de incautos. Cuando íbamos al estacionamiento pude ver que por las ventanas del salón nos veían el de la puerta, María, Armando y Aquél, discutiendo. Yo creo que porque ninguno se ponía de acuerdo con los nombres. Yo les saqué la lengua.
Y ¿qué creen?

A las tres semanas apareció en la tele un reportaje sobre una agencia de viajes que estafaba a la gente vendiéndoles paquetes vacacionales que resultaban ser falsos…

8 Responses to “Sorpresas te da la vida (iii)”

  1. Mus says:
    September 27th, 2006 at 4:07 am

    Me fascina (y creo que Anón coincidirá conmigo) esta habilidad familiar para dar cancha al tiempo que toman el pelo al personal.

    Mi única experiencia con las imposturas es cuando llego a un restaurante y la persona que está en la puerta, en el atril, me pregunta mi nombre para apuntarlo en una lista cuya función no comprendo ni comprenderé jamás. Puedo comprender (aunque no creo que sea un dato de gran utilidad) que alguien apunte la cantidad de comensales que entran al restaurante, pero conocer sus nombres se me antoja una captura de datos estúpida.

    Así que en los restaurantes soy Jhon, John, Yon o Llon, o como lo quieran escribir. Nadie pide cédula, así que así está bien.

    Una última señal clara de que aquello era una estafa es simple: ¡no pidieron comprobante de domicilio!

  2. Anónimo says:
    September 27th, 2006 at 11:03 am

    Yo me quito el sombrero… Realmente increible poder actuar con ese desparpajo y esa habilidad palabrística!

  3. Don Pastrami says:
    September 27th, 2006 at 4:32 pm

    Ah, no es fácil ser como somos… requiere una gran páctica en el ambiente diplomático.
    Por cierto, ya vine de donde andaba…

  4. Pereque says:
    September 27th, 2006 at 6:09 pm

    Cuando sea grande quiero cuentearme a la gente así. ¿En serio cambió tantas veces de nombre en ese ratito?

  5. Don Pastrami says:
    September 27th, 2006 at 7:28 pm

    De verdad, lo juro por el Osito Bimbo. Me encanta cambiarme el nombre cuando sé que van tras mi cartera, y no por interés sino por capital.
    Lo que a mí me parece más interesante es que sólo la estudiante se dió cuenta de que el nombre que le dí (como todos los demás) era de un autor conocido. Y no fue Pablo Neruda, estoy seguro, porque esa vez sólo dije autores mexicanos. Creo que ante ella fui Juan Ruiz de Alarcón y creo que se dió cuenta porque casualmente esa calle estaba atrás del hotel. La siguiente vez, que me tuve que llevar a mi hermano Ed porque no había nadie más a la mano, decíamos nombres de calles. Y tampoco se dieron cuenta…
    Al rato cuento yo la cuarta parte, que fue apenas el año pasado, y luego narro mis desventuras en Lisboa…

  6. Fëaluin says:
    September 28th, 2006 at 12:48 am

    Estoy asombrado… ¡que cabulas son!

    ojalá yo tuviera ese estilo para improvisar cabulas sobre la marcha… seguro me iria mejor en la vida…

    si además de tener ese rollo me deshiciera de la conciencia, me volvería politico y me cae que al menos a gobernador llegaba…

  7. paulinita says:
    October 2nd, 2006 at 3:23 pm

    errr… a mi nunca me han estafado por teléfono… saluditos :)

  8. Don Pastrami says:
    October 2nd, 2006 at 4:16 pm

    Ya lo harán…

    Bienvenida.