21
Aug

Desayunos con amigos (i)

Posted by Cataclí­smica on Cataclismos

Hoy es lunes. Hoy entré a clases después de una salida en falso (pensé que iba a volver a entrar el 13 de agosto, pero no, fue hasta hoy). Como ya me había desacostumbrado a levantarme tan temprano, tuve que salir corriendo con rumbo al CUCS y lo hice sin desayunar.

Recuerdo como si fuera ayer cuando entré a Medicina. De nueva cuenta estaba yo ante un aterrador bloque de salones lleno de chicos con batas blancas con la diferencia de que yo era la mayor de todos, y yo tenía un hueco en el estómago que atribuía a los nervios del primer día. Mi primera clase era microanatomía, y transcurrió sin pena ni gloria, como era de esperarse. A las 9 de la mañana mi estómago gruñó y recordé que el hueco en mi estómago era porque no había desayunado. Y noté que no me había llevado mi monedero. No tenía dinero para desayunar.
Yo no conocía a nadie, y por tanto, no me atreví a pedirles dinero prestado. Además de que yo era la mayor, y era mi responsabilidad enseñarles que un gran poder conlleva una gran responsabilidad (porque acababa de ver Spiderman, no por otra cosa. Las películas me encantan). Opté por quedarme sentada debajo de un nogal, y esperar hasta que llegara el siguiente profesor. En eso llegó un muchacho, y se sentó junto a mí.

–Hola.
–Hola.
–Soy Maxie Zeus.
–Cata Maybrick.
–¿Eres de nuevo ingreso?
–Sí, ¿y tú?
–También. ¿Desayunaste ya?
–No… se me olvidó mi monedero.
–Permíteme…
Y sacó de su bata un sandwich y un jugo, y me los díó. Yo iba a decir algo y ví que sacó otro sandwich y otro jugo, para él. Comenzamos a comer.
–Yo te he visto antes por aquí –me dijo Maxie.
–Sí, estudiaba en enfermería.
–¿Por qué abandonaste la carrera?
–No la abandoné, ya la terminé. Pero también quiero estudiar medicina. ¿Y tú, por qué empezaste hasta ahora?
–Porque hasta el año pasado me enteré de que podía entrar a estudiar.
–Déjame adivinar. Tú eras uno de los guardias de seguridad, ¿verdad? Tú eras el que estaba en la rampa de urgencias y siempre me saludaba cuando llegaba corriendo porque se me hacía tarde.
–Sí.
–¿Estás en mis clases?
–A lo mejor… –me dijo mientras sacaba su horario. Todas nuestras clases coincidían.
–¿Y sigues trabajando?
–Sólo por las tardes.
–Oye, ¿cuántos años tienes? Y no me hagas adivinar.
–28 años. ¿Y tú?
–22.
–Somos los mayores.
–No te ves tan viejo.
–Pura suerte, supongo. –Y sonó el timbre.

Maxie y yo nos volvimos buenos amigos. Estudiamos juntos y pronto nos rodeamos de un grupito de renegados para estudiar mejor. En el segundo semestre nuestros horarios cambiaron mucho y ya no pudimos vernos tan seguido.
En tercer semestre no nos tocó vernos. Es cuarto semestre. Mientras me dirijo al anfiteatro escucho una voz que me dice “Hola.”
–Hola –contesto–. Mucho tiempo sin verte.
–Ya ves, los horarios.
–Te traje de desayunar –digo con una sonrisa discreta, y le paso un sandwich y un jugo. Entramos al anfiteatro y los nervios se esfuman. Sé que este semestre todo va a estar bien.

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