17
Jun

Los mininovios (vii)

Posted by Cataclí­smica on Cataclismos

No sólo mis hermanos y yo hemos metido la pata tratando de ligar, ni sólo nuestros pretendientes han metido la pata tratando de conquistarnos. Hay veces en que alguno de nosotros también ha tenido una extraordinaria tenacidad para lograr el éxito en situaciones en que el resto del mundo hubiera claudicado.

Esta vez, el elegido es Memo.

Memo, desde que lo conozco (que es lo mismo que decir “desde que nací”), jamás ha tenido más que una novia. Una. Y la forma en la que la conoció fue bastante extraña.
Memo acababa de entrar a la facultad. Mas o menos por ese entonces se fijó en una chica muy guapa que estaba en la prepa. Pero los estudios pudieron más que el amor… y así quedó todo. Por un tiempo. Un buen día Memo comentaba con uno de sus amigos que si habían visto a la chica de sus sueños. Uno de ellos dijo que era la misma chica que había sufrido un accidente la semana pasada, que parecía que un camión la había atropellado, o algo. La misma semana pasada Holi, que estaba de interna en medicina de emergencias, dijo que había amputado su primera pierna sola, a una chica a la que un camión le había reventado una pierna por accidente. Atando cabos, Memo llegó a la conclusión de que la chica del accidente y la chica sin una pierna eran una sola y la misma. Y se las arregló para entrar al Hospital Civil.

Y allí estaba ella, sola y triste. Memo llegó, tomó una silla, se sentó, tomó el cuadro médico, y dijo:
–Hola. ¿Puedo invitarte a bailar?
Como es evidente, ella giró la cabeza para no ver a mi hermano.
Memo se quedó ahí un rato, y dijo:
–Hasta mañana.
Y a la mañana siguiente, Memo entró al ala del hospital, buscó a la chica, tomó la silla, se sentó, volvió a tomar el cuadro módico, y volvió a decir.
–Hola.¿Puedo invitarte a bailar?
Y ella volvió a girar la cabeza. Y él esperó otra media hora, al término de la cual dijo otra vez:
–Hasta mañana.
Y así volvió una y otra vez durante cuatro días. Hasta que, un día, Memo recibió una respuesta:
–¿Qué no vez que perdi una pierna? –dijo ella con voz quebrada y los ojos anegados en lágrimas.
–¿Y qué?
–¿Cómo que qué! ¡Animal!
–¿Y por eso se te va a acabar el mundo?
Ella ya no respondió. Se limitó a llorar. Memo esperó su media hora, y se fue, no sin antes decir:
–Hasta mañana.
Algo pasó esa noche. Cuando Holi fue a visitar a su paciente esa tarde, por primera vez ella le preguntó si iba a poder caminar. Holi le dijo que no había mucho prolema, porque la amputación había sido abajo de la rodilla. Luego la chica le preguntó si podría bailar. Holi le dio que mientras no fuera ballet o foxtrot, no veía mucho impedimento. Luego ella preguntó que cuándo podría recibir su prótesis y cuándo saldría del hospital. Esa noche, en la casa, Holi comentó eso, y a Memo se le iluminó la cara.

A la mañana siguiente Memo llegó al hospital y llegó a la cama de su amada.
–Hola. ¿Puedo invitarte a bailar?
–No. Pero puedes quedarte un rato –dijo ella.
–Soy Guillermo.
–Patricia.
–¿Quieres que te diga de alguna forma en especial?
–Pato –dijo ella. Memo supo que había triunfado.

La trágica historia de mi cuasi cuñada Pato es sencilla. Ella y su madre iban en un coche cuando un camión tripulado por un cerdo las estrelló contra una barrera de contención. La señora perdió la vida, y Pato una pierna. Además se rompió la otra y un brazo, se lastimó el cuello y se rompió una costilla. Pato era hija única, sus papás habían migrado a la ciudad hacía tiempo y no tenía más familia en la ciudad que su papá. Y además no era de posición económica precisamente sólida, razón por la cual el papá nunca estaba con su hija: porque tenía que trabajar.

Memo convenció a Jack que lo acompañara unos cuantos días después. Se llevaron a Pato a su casa (a la de Pato) previo permiso del papá, y la ayudaron a reinstalarse. También acomodaron unas rampas para que Pato pudiera entrar a su casa con su silla de ruedas. Memo visitó a Pato durante un par de semanas, hasta que las obligaciones de la facultad fueron tantas que no podían seguirse viendo. Pato y Memo entonces hablaban durante horas y horas por la noche.

Cuatro meses después Pato regresó a la escuela. Se hizo gran alharaca al respecto. Según la crónica oficial, de una de las compañeras de Memo que se creía reportera, Pato entró por la rampa de inválidos como si fuera lo más natural del mundo. Alguien llamó a Memo, que acababa de salir de clase, y alláfue mi hermano a ver ese milagro.

Y se puso en primera fila. Pato lo saludo, y allá fue Memo. Él quiso besarla, y se reclinó para hacerlo, cosa que ella aprovechó para agarrarse de su cuello y ponerse de pie. Y como en las películas, Pato se puso de pié, le dijo algo a Memo, lo besó, se agarró fuertemente de su brazo y ambos se metieron al salón de clases entre los aplausos de los compañeros de Pato.

¿Qué creen que fue lo que dijo Pato? ¿Creen ustedes acaso que dijo un ridículo “Ahora puedes invitarme a bailar”?

La vida te da sorpresas, sorpresas te la da vida, ¡ay! Dios…

Según Memo, la frase fue un simple “Esta silla de ruedas pica.”
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Pato y Memo cumplieron 2 años de novios, y estaban pensando en boda, cuando por alguna oscura razón ella tuvo que mudarse al DF. No se dejaron de ver ni de hablar. Hace dos meses Pato regresó a Guadalajara. Y ambos decidieron reiniciar su relación dede cero.

Hacen bonita pareja, ¿saben?

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