Jun
Los mininovios (i)
Quise publicar esto en el sitio web de Milena, www.sexperiencias.net, pero por alguna oscura y trágica razón, sólo pude escribir un comentario y el segundo nunca se fue. Como no quiero que se pierda, lo coloco aquÃ.
Milena decÃa que “Si hay una actividad de la que nunca me canso, esa es oÃr que “él” me diga “te quiero”. La acepto a todas horas, sin horario laboral, sábados y domingos inclusive. Otra cuestión es si también siempre me la creo.”
Ay, Milena querida… yo sà me cansé de que alguien me dijera “te quiero”. No sé, seguramente soy una anormal; es lo que tiene pertenecer al clan de los Maybrick, que no hay garantÃas de nada.
Y es que mi mininovio, a quien llamaré Tapón para que no se entere de que hablo de él, me escribÃa, me dedicaba poesÃas, me cantaba, me llamaba por teléfono, me dedicaba serenatas, me regalaba chocolates, y queréa que me fugara con él, y eso que entre ambos apenas sumábamos 28 años. Fácilmente llegué a acumular quince cajas de zapatos llenas de material romántico procedente de Tapón. Jack era el que más lo aprovechaba: cuando tenÃa que reparar algo, cubrÃa el piso con las cartas de Tapón para no ensuciar. Tapón decÃa que me querÃa con toda el alma, y que por mà irÃa hasta el fin del mundo. En una de esas Holi lo escuchó y le dijo: “Ay, qué romántico eres… ¿Y te quedarÃas allá?” Tapón se limitó a ponerse rojo cuando yo me reÃ.
Un dÃa –más bien, una noche, por estas fechas– llegó a casa con un mariachi desafinado, que seguramente habÃa contratado pasando hambres en la escuela, a cantarme al pie de mi ventana. Lo malo es que Jack era el que dormÃa en la ventana en la que se paró, y aquel, enojado porque no podÃa dormir (y no lo culpo, Tapón parecÃa gato maullando) abrió la ventana, y lanzó un vaso de agua en dirección a Tapón.
Tapón no se iba a desanimar por tan poca cosa. Simplemente cambió de ventana y volvió a intentarlo. Esta vez en nuestra ventana, la de Holi y mÃa. De Holi, más bien, porque yo dormÃa junto a la puerta. Una vez más Tapón comenzó a cantar, Jack entró a nuestro cuarto, hizo que Holi le lanzara un pañuelo a Tapón para que se acercara, y en cuanto estuvo en posición, Jack le lanzó una cubetada de agua.
Tapón debió captar la indirecta de que alguien no lo querÃa, asà que se alejó unos cuantos metros, hasta donde calculó que no podrÃa mojarlo una cubeta de agua. Pero Jack es ingeniero, y además es un sádico salvaje cuando se trata de atormentar a quien no lo deja dormir. Para este entonces, Memo y Edo ya se habÃan despertado y estaban dispuestos a hacer lo que fuera con tal de que Tapón se callara. Y yo, que ya estaba harta de no poder moverme de dÃa o de noche sin tener a Tapón cerca para decirme “te quiero”, le dà permiso para usar artillerÃa pesada. Por si fuera poco, Holi y mamá trataban desesperadamente de que mi papá no llamara a la policÃa.
Tapón estaba a media calle, retrocediendo sólo cuando pasaba un auto, lo que a media noche en Guadalajara (y más en esos tiempos) es algo muy raro de ver. Jack subió a la azotea, y buscó el punto ideal donde pudiera tener un punto ciego. Tomó la manguera que mi mamá usaba para regar las plantas, y lanzó un chorro de agua con tan buena punterÃa que le dió a Tapón en medio de la cara. Tapón se hizo para atrás pero el chorro de agua lo seguÃa, asà que se adelantó hasta donde el chorro de agua ya no pudo alcanzarlo sin desviarse contra la pared: el punto ciego que Jack buscaba.
Pero fÃjense bien que les dije que Jack es un desalmado: esto colocó a Tapón justo en el lugar ideal para que Memo, que habÃa bajado a la cochera y estaba escondido detrás del Thunderbird de mi papá, abriera la manguera y obligara a que Tapón se pusiera en el único punto ciego que quedaba. Pero ni asà se callaba. Firmemente plantado donde los dos chorros de agua no podÃan mojarlo, siguió cantando, y eso que los mariachis estaban callados, viendo el espectáculo.
Y entonces Edo, que estaba en el baño de arriba, salió por la ventana, arriba de Tapón, que no podÃa verlo. Edo le lanzó un chorro de shampoo, que cayó justo en la cabeza de Tapón. Tapón perdió un poco el ritmo, pero ni asà se calló. Entonces, Edo lanzó una cubetada de agua sobre el pobre de Tapón, que fue la señal para que Jack y Memo abandonaran los puntos ciegos y llenaran de burbujas al pobre de Tapón. Finalmente Tapón admitió su derrota y se retiró, convertido en una piltrafa humana llena de burbujas con olor a sábila.
A la mañana siguiente Tapón llegó a la escuela, y me dijo que me habÃa llevado serenata, pero que a lo mejor se habóa equivocado de casa porque lo bañaron. Yo traté de no reirme (lo juro) pero no pude y le confesé que mis hermanos habÃan sido los culpables. Me miró, lo miré, y me dijo que nuestro amor era como el de Jumeo y Rolieta (lo juro: eso dijo) y que no cejarÃa en sus esfuerzos hasta que mis hermanos lo aceptaran.
Para fortuna de Tapón, sólo faltaban dos semanas para acabar la secundaria. Yo entré a una prepa, Tapón a otra, y nunca más nos volvimos a ver. Aunque Tapón rondó aún un tiempo por mi casa, a distancia prudente, pero no se acercaba para que un hipotético chorro de agua no lo mojara. Pobrecito Tapón…
A veces creo que deberÃa tener mi propio blog. Creo que haré uno cuando me vaya a Canadá.
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