Hoy en la noche llega Tomoka a Guadalajara otra vez. Está ahorita en Los Ángeles. Y ya tiene su permiso de trabajo en México.
A este paso creo que voy a poner mi propia clínica. ![]()
Hoy en la noche llega Tomoka a Guadalajara otra vez. Está ahorita en Los Ángeles. Y ya tiene su permiso de trabajo en México.
A este paso creo que voy a poner mi propia clínica. ![]()
Resolvimos el problema del envío de la sandía de una manera interesante. No la enviamos. Todavía falta que Tomoka me llame para decirnos si llegó bien, pero no creo que haya problemas.
En lugar de una sandía enviamos tomatitos cherry hábilmente disfrazados de tomatitos cherry, para no despertar sospechas. Tomoka se llevó varias bolsitas de tomatitos que cosechamos de la huerta (así le decimos al jardín) entre la ropa.
Y se fue Tomoka. Cual osito polar y con muchos kleenex en la bolsota que le preparé. Regresa en quince días.
Llegan Tomoka y Moni el martes de la calle empapadas y hechas una sopa (venían con la compra de la semana, así que supongo que sería un gazpacho). Y lo primero que me dice Tomoka es “Cuando dijiste lo mucho que llovía en Guadalajara no te creí.” Ayer Tomoka se enfermó. Hoy no se puede levantar, tiene fiebre de 40 grados y habla en japonés porque no se acuerda ni del español ni del francés. Espero que pueda salir a tiempo porque no podemos cambiarle su viaje Los Ángeles-Tokyo.
Tomoka se va a Japón a visitar a su familia el próximo 15, y regresa el próximo 30. Necesito saber cómo podemos enviar una sandía a Japón por los canales adecuados.
Por más que lo intento, nomás no logro que mi primo Quoth se le lance a Tomoka. Debí haberme traído a Yubi.
Además de una ávida frugívora, Tomoka es también una ávida lectora. Lo sé porque acabo de ver que la niña entró cargada de libros de segunda mano. Libros que tratan de todos los temas habidos y por haber, incluyendo medicina. Aparentemente la niña le habló a Jack para que le dijera dónde comprar libros baratos, y Jack le dijo a Quoth, y Quoth dió una lista de lugares tan grande que parecen dos. Hay lugares que yo no sabía que fueran librerías. De cualquier manera Tomoka y Moni se fueron al centro y regresaron con mil pesos de libros usados. Tomoka está leyendo en su cama con un plato de jícama y naranja con sal y limón para acompañar.
Por cierto que las rosas que colgó del techo ya se cayeron. No duraron nada porque Tomoka prendió el ventilador y las flores se fueron volando. Pero el techo sigue con estrellitas. Ya me voy. Es día del maestro pero yo tengo que trabajar.
Hoy es día del niño. Y para celebrarlo por adelantado nos fuimos el domingo pasado al terreno que compraron mis suegros en Ajijic. El terreno está bien bonito, cerca del lago. Como no celebramos todavía la fiesta de los cerezos porque no encontramos una huerta con cerezos, pues nos fuimos al terreno. Era raro ver la combinación de personas que íbamos en el carro. Tomoka y Moni se compraron ropa brillante. Muy brillante. Tomoka iba con un conjunto como de patinadora negro y verde brillante mientras Moni iba de pantalón amarillo y blusa verde con rosa. Uno iba con short y camiseta porque tiene mucho calor, y yo esta vez llevé un sólo suéter, mi blusa de lino blanco y mi nueva falda de algodón hasta los tobillos estampada con flores. La comida la preparamos entre Tomoka y yo mientras Uno iba por su hermana a mi casa, bueno, a la casa de mi mamá (todavía no me acostumbro y ya llevo más de un año fuera de ahí). Mi mamá no quiso ir porque estaba arreglando su jardín pero mientras Moni se preparaba mi mamá puso a Uno a cambiar macetas de lugar y lo mandó de regreso con unos arbolitos para el terreno. Para aprovechar le llamé a Jack y Lilith se llevaron a la chiquillería, el asador portátil y tres kilos de arrachera marinada. Mis otros hermanos no pudieron ir.
Llegamos al terreno después de perdernos dos veces. Estuve a punto de llamarle a Quoth para que nos encontrara con Google Earth pero Jack encontró el camino primero. Llegamos al terreno, que está ercado con malla ciclónica, y nos metimos. Jack, Lilith y yo nos pusimos a limpiar un pedazo de tierra para acomodarnos mientras Tomoka y Uno bajaban las cosas y Moni se ponía a jugar con sus primos, que no son sus primos pero como si lo fueran, porque Jay y Nirvana son de su edad. Ichuel se puso a recorrer el terreno y Tobi se quedó observando a Tomoka y Uno, y pasándoles las cosas que se caían por debajo de los asientos de la camioneta y del carro. Ese niño me confunde bien chido, porque nunca dice nada a menos que le preguntes directamente o quiera algo en especial, pero si le hablas en francés, inglés, alemán y japonés, te entiende y hace lo que le dices. Yo creo que QUoth tiene razón cuando dice que Tobi no habla porque no ha tenido motivo de queja.
Al rato ya estábamos todos debajo de unos naranjos y Jack empezó a hacer el fuego. Ver hacer fuego a Jack es algo que también es bien chido, porque acomoda el carbón, pone líquidos raros, busca madera, usa piedras, y termina haciendo una flama tan grande que parece una hoguera, que luego acomoda por todo el asador. Un rato después ya estábamos asando carne, salchichas, hamburguesas, quesadillas, tortillas, verduras y hasta frutas en el fuego. Tomoka estaba encantada de ver tanta comida y ver a Jack preparándola. Uno, Tobi y Jay recorrieron el terreno para ver cuánto medía (aunque no lo crean, Tobi le traducía a Jay y a Uno) y al rato mientras comíamos Jack y Uno ya tenían un plano de la casa para que cupieran un jardín y una huerta junto a la alberca y la casa del perro. Yo no sé cuánto mide el terreno pero está grande, ha de medir como dos canchas de futbol. Jack dice que mide una hectárea pero lo midió a ojímetro. La cosa es que mis suegros compraron un terreno bien grande.
Comimos como si acabáramos de pasar seis meses en una isla desierta. Lo único que quedó fueron los rabitos de las cebollas y las cáscaras de los plátanos. Tomoka otra vez parecía que se hubiera tragado un chícharo y la sonrisa de satisfacción no se la podía quitar nadie. De veras que quien se case con esta niña va a tener que trabajar mucho para mantenerla. Igual terminamos destapando el sake y cantando con alegría. La única canción que todos pudimos cantar fue la de Alouette. Tomoka y yo cantamos en japonés, Jack cantó en italiano, inglés y español, Lilith en griego. Puras canciones populares, eso sí, y todos desafinados pero con muchas ganas. La que menos desafinó fue Ichuel, pero tampoco escogió una canción muy difícil: cantó la de “Susanita tiene un ratón.”
Al rato Tomoka estaba dormitando para que se le bajara la comida mientras Uno y Jack jugaban una especie de juego mezcla de futbol, basquet, voli y rugby. Jay y Nirvana estaban muy ocupados golpeando con una vara un árbol grandote que resultó ser un guamúchil y que no había visto yo porque estaba tapado por otros árboles, y se pusieron a lanzarnos guamúchiles. Tomoka se despertó y se puso a comer. En un ratito ya le tenía agarrado el modo a partir la vaina, quitar la cáscara y sacar la semilla para comerse la pulpa. Cuando por fin no pudo más, Tomoka gritó “Yo no me voy de México” en español y se durmió. Haciendo cuentas, Tomoka comió lo mismo que comieron Jay, Ichuel, Tobi y Nirvana juntos, mas el sake.
Lilith sacó su costura y yo me senté junto con ella para aprender a tejer, porque es hora que todavía no aprendo. Al rato estaba yo muy a gusto tejiendo cuando escuché a Jack hablar con Uno y decirle que se fuera preocupando, porque ya estaba yo tejiendo. Creo que Uno se puso blanco cuando se dió cuenta que mi última regla fue hace seis semanas, pero luego se acordó de mi irregularidad y de que usamos protección de sobra, y comenzó a reise, a lo mejor de puro nervio (no te preocupes, mon chèr, cuando llegue ese día te vas a enterar). Al rato Uno y Jack se sentaron debajo de unos naranjos a descansar junto con el sake que quedó, y no sé de qué tanto habrán platicado pero me lo imagino.
Ya eran como las cinco cuando despertó Tomoka con ganas de ir al baño, ligero detalle que nosotros no habíamos previsto pero Jack sí. Fue entonces cuando me dí cuenta que al otro lado del terreno había una casita. Bueno, más bien un cuarto. Allá fuimos todas y entró primero Tomoka, luego Lilith y luego yo. Era un cuartito con un baño completo, que Jack hizo que construyeran para estas ocasiones antes que cualquier otra cosa se hiciera con el terreno. Es un baño completo y al otro lado hay un cuartito para el vigilante, con espacio para una cama, un closetcito y una cocinetita. Por eso los niños no habían dado lata para ir al baño y por eso había un gancho para cortar los guamúchiles, por que había un vigilante. ¿Y el vigilante? No hay nadie, pero Jack lo construyó por si las dudas, y lo construyó rápido porque es de panel w. Uno no me había dicho que Jack era el que estaba a cargo de todo menos del dinero, yo pensé que era Quoth el que se iba a encargar, pero Jack era más obvio porque él es el que estuvo en la construcción después de todo.
Como ya caía la tarde Jack reunió a los niños para que aprendieran a plantar árboles: mi mamá nos había mandado un guayabo, un naranjo y un manzano, que Jack plantó en el terreno con ayuda de los niños. A ver cuál prende. Moni sobre todo estaba de metiche, porque nunca había plantado árboles. Jay en cambio ya sabía qué hacer porque ya había plantado una vez un mandarino con mi mamá. El mandarino de Jay está bien grande y da mandarinas bien dulces, y eso que está en un rincón del patio. No nos regresamos a Guadalajara sino hasta que se hizo de noche y dejamos pelón al pobre guamúchil. Jack de cualquier forma se encargó de poner las semillas en las esquinas del terreno, a ver si prenden, para tener más guamúchiles a manera de cerco. Y es que mientras mis suegros no estén en México la que va a aprovechar el terreno soy yo.
Y mi mamá, que ya amenazó con plantar toda una huerta si mi suegra le envía unas agujas para tejer de bambú que tiene tiempo de andar buscando.
Ya me voy a dormir, que estoy cansada y mañana tengo trabajo. Un beso.
Llego del hospital y en eso escucho un cataplúm seguido de una mentada en japonés. Ahý voy yo corriendo al cuarto de Tomoka. Ayudo a Tomoka a levantarse y a que se acomode en su futón y me pongo a curarle el pie izquierdo, que se torció, cuando le pregunto en tono de enojada qué estaba haciendo trepada en la escalera. En español, porque no tenía tiempo para pensar en japonés o en francés. “Estaba pegando estrellitas,” me responde en perfecto español.
Resulta que la niña estaba colocando en el techo rosas y estrellitas. Las rosas porque le gustan mucho las rosas y las estrellitas porque quiere que hagan juego con la lámpara que compró en Amazon con forma de luna. Estaba Tomoka colocando sus rosas y ya casi terminaba cuando se resbaló y se cayó de la escalera, que por fortuna no estaba muy alto, pero sí lo suficiente como para torcerse un tobillo. La niña llenó todo el techo con estrellitas de esas fosforescentes que se iluminan cuando está oscuro y colgó rosas en las partes en que no había estrellitas. Ahora sé por qué Tomoka veía una rosa seca y la agarraba: para decorar su techo.
Esta nena me hace sentir vieja. Aunque debo decir que en Japón Tomoka no hubiera dispuesto de un techo tan grande para decorar a su gusto. Y ya me voy que tengo que hacer la comida. Si mi madre me viera…
Hoy Uno llegó de la Alianza Francesa y me sorprendió bailando con Tomoka. Lo que pasa es que estábamos bailando así:
Es que Tomoka se compró un boombox para su ipod y nos pusimos a bailar cuando salió el caramelldansen.
Yo creo que por eso Uno no se anima a casarse conmigo =^_^=
Videos después del corte. Pero ninguno mío y de Tomoka ![]()
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